abreme piernas follame relato erotico

Sabías perfectamente lo que me gustaba adoptar una actitud pasiva cuando disfrutábamos del sexo en pareja. Me encantaba dejarme llevar mientras tú disponías y decidías en todo momento cómo, cuándo y dónde querías acostarte conmigo. A mí me volvía loca sentirme un objeto sexual entre tus manos, y me satisfacía enormemente provocarte placer en grandes cantidades. Tú sólo tenías que pedirme algo, que yo obedecería de inmediato y sin hacer ningún tipo de preguntas ni rechistar. Desde luego, en cuestiones de sexo, yo era tremendamente feliz al mostrarme siempre obediente y complaciente, fuera cual fuera la práctica sexual que protagonizáramos. De modo que en cuanto llegaste a casa y me dijiste que me abriera de piernas porque pensabas follarme sin parar aquí y ahora, una sonrisa se dibujó en mi cara y te dije que sí desde el minuto número uno.

En cuanto recibiste el visto bueno, te abalanzaste sobre mí y empezaste a arrancarme la ropa sin reparo alguno. Metías tus manos por dentro de mi cuerpo y podía notar el tacto de tu piel sobre mis tetas y en mi coñito sediento de vicio y de placer. Mi piel se erizaba mientras recorrías todo mi cuerpo con tus labios y me dedicabas miles de besos por toda mi piel. Yo, por mi parte y como ya era habitual en mí, permanecí quieta y fui dejando que hicieras lo que te viniera en gana en todo momento. Era como si toda yo fuera un regalo para ti, de modo que pudieras hacer y deshacer lo que tú más quisieras. Entonces metiste tu cabeza entre mis tetas y empezaste a aspirar todo su aroma y a lamerlas de arriba abajo. Las tocabas y excitabas mis pezones hasta conseguir que se me pusieran bien duros y firmes. Entonces los chupabas con la punta de tu lengua, provocándome un cosquilleo que derivaba en unas oleadas de placer indescriptibles.

Llegó el momento de practicar el sexo en toda su magnitud, así que abriste mis piernas y empezaste a penetrarme como si no hubiera un mañana. Mi coño estaba totalmente entregado para ti, y yo te lo ofrecía como si fuera mi bien más preciado. Podías hacer con él lo que tú más quisieras, y decidiste clavarme tu polla hasta el fondo para que sintiéramos juntos la pasión y el vicio más absoluto. Empezamos a sudar, haciendo más fácil que nuestros cuerpos se deslizaran entre ellos y fundiéndonos así en un solo cuerpo. Desde luego, estábamos protagonizando una escena de vicio y perversión que no tenía nada que envidiar a las producciones porno más profesionales e impactantes de toda la industria.

Avisaste que estabas a punto de correrte, y tus palabras consiguieron excitarme tanto que mientras tú eyaculabas dentro de mi coñito sediento de tu leche, yo experimentaba uno de los orgasmos más intensos de toda mi vida. Nuestros cuerpos desnudos vibraban de la pasión que estábamos experimentando en aquellos momentos de manera explosiva. Una corriente intensa de place recorrió nuestros cuerpos hasta hacernos caer extenuados y abrazados el uno al otro.

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