acostandome con mi profesora relato erotico

– Si necesitas clases de repaso, puedes venir esta noche a mi casa, Jorge. Yo misma te puedo echar una mano con esos problemas que tanto se te resisten. –dijo la profesora Maribel cuando ella y yo nos quedamos solos en el aula. Maribel era mi profesora de matemáticas, y una de las mejores maestras de todo el centro. Además de profesional, ella era tremendamente atractiva y sexy, y absolutamente todos mis compañeros de clase caían rendidos ante ella. De todos modos, ya sabía que yo era su favorito, ya que se desvivía para que llegara a aprobar todos sus exámenes. Siempre atenta a lo que yo hacía, Maribel se había convertido para mí en todo un objeto de deseo. La forma de sonreírme cada mañana al entrar a clase, su dulce culito ceñido en esa falda que podía disfrutar cada vez que se giraba y escribía en la pizarra, sus ojos negros como el azabache, sus pechos prietos y realzados en su sujetador

-Claro, no hay problema. Esta misma noche me acerco, a ver si me puedes echar un cable. Muchas gracias Maribel. –dije un tanto avergonzado. No quería que se me notaran mis sentimientos hacia ella, pero me moría de ganas por estar unas horas a solas junto a ella. ¡Y encima en su propia casa!

Tenía muy claro que no pensaba desaprovechar esta oportunidad, así que me vestí con mis mejores galas para ver si podía impresionarla. Nervioso, salí de casa decidido a comerme el mundo. Sólo con imaginar que ella y yo podíamos llegar a acostarnos juntos esa misma noche, me ponía tremendamente cachondo. Decidí mantener la mente fría y estar seguro de mí mismo para que Maribel dejara de verme como un crío, y empezara a verme como un hombre de verdad.

Nada más picar al timbre, Maribel me abrió con una sonrisa en su rostro. Se me hacía muy raro verla fuera del contexto del instituto, tan relajada y simpática. Realmente Maribel tenía su propia vida personal, y yo en estos momentos estaba formando parte de ella. Tras el saludo, nos fuimos derechos al sofá de su comedor, donde nos esperaban los libros de matemáticas con sus cientos de problemas sin resolver. No había nada que me apeteciera menos que ponerme a estudiar en ese momento, pero no me quedaba otra si con ello conseguía pasar unos minutos a solas con ella.

Tras resolver algunas ecuaciones de segundo grado, el ambiente se fue relajando poco a poco. Maribel se puso algo más cómoda, retirándose por unos segundos para ponerse unos shorts y una camiseta estrecha. Me fijé que sus pezones se marcaban tras la tela, y ahí ya sí que creí morirme del gusto. Estaba siendo uno de los momentos más felices de mi vida, poder estar a tan pocos centímetros de ella mientras me hablaba y resolvíamos ejercicios juntos. Sin duda, aquel era el instante para lanzarme a la piscina, ahora o nunca. Después de hacer varias bromas sobre el resto de profesores, que despertaron en Maribel unas risas de complicidad, me atreví a poner mi mano sobre su muslo derecho. Ella, sorprendida en un principio, me dijo:

-Jorge, esto que estamos haciendo es un poco peligroso. ¿Sabes lo que podría pasarnos a los dos si alguien llegara enterarse?

-No me importan los demás. No me importa el resto del mundo. Lo único que me importa es que estoy a solas contigo, aquí y ahora. El resto del universo se puede ir a la mierda. ¡Que se jodan! Yo sólo quiero estar contigo, moriría con tal de poder pasar esta noche junto a ti.

Entonces ella, sin pensárselo dos veces, me pegó un beso en toda la boca. Yo ya había besado a varias chicas, pero os puedo asegurar que aquel beso no tenía ni punto de comparación con cualquiera de ellos. Sus labios carnosos se rozaban con los míos, húmedos y calientes. El suave olor de su pelo se metía por mi nariz, y yo lo aspiraba con fuerza para retener una parte de ella en mi interior. Mi lengua se abría paso hasta llegar a tocar su lengua. Nuestros cuerpos vibraban de placer y podíamos notar la excitación del otro a través de nuestro punto de contacto en común, que eran nuestras bocas abiertas al deseo más puro. Sin duda, aquella noche sólo podía terminar de un modo, y un subidón de adrenalina inundó mi cuerpo. Por fin iba a costarme con mi profesora de matemáticas, y aquello me generaba un morbo interno que no podía ser comparable con nada en el mundo.

CONTINUARÁ…

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