PRIMERA PARTE DEL RELATO AQUÍ

alto rendimiento segunda parte

Eva volvió al vestuario cansada y con una sensación extraña en el cuerpo. Quería volver a sentir la pasión que vivió el día anterior junto a su entrenadora Esther en las duchas del vestuario, así que se esperó a que todas sus compañeras abandonaran el centro para disfrutar de la intimidad necesaria. Sin embargo, aquella chica nueva que últimamente se estaba llevando toda la atención de su maestra, parecía no querer irse. Si ya no le caía demasiado bien, ahora le estaba poniendo de los nervios.

– Hola Eva. Sé que no hemos tenido mucho tiempo para hablar. Me llamo Patricia. – dijo la joven recién llegada acercándose a Eva en los vestuarios.

– Hola Patricia. – contestó Eva sin mucho entusiasmo.

– Mira, la verdad es que no conozco a mucha gente aquí, y me gustaría que tú y yo pudiéramos llegar a ser buenas amigas. – continuó Patricia con un tono suave y delicado. Entonces Eva pensó que quizá había estado tratando a Patricia con un poco de descortesía desde que ésta llegó para entrenar junto a ella y sus compañeras. No sabía por qué le había mostrado tanta indiferencia, pero ahora pensaba que la pobre no se lo merecía, y que podía ser un buen momento para empezar de nuevo su relación con ella.

Con una sonrisa por parte de Eva como respuesta, ambas chicas empezaron a rebuscar en sus mochilas y así coger todo lo necesario para la ducha. Eva se comenzó a desnudar, dando por perdida cualquier posibilidad de sexo con su entrenadora. Puede que Patricia le estuviera molestando en ese mismo momento, pero la chica se le había acercado con mucha educación y simpatía, así que Eva empezó a verla con otros ojos.

Cuando levantó la vista, Eva vio a Patricia completamente desnuda mientras le miraba fijamente a los ojos. En ese mismo momento, Patricia se le acercó y cogió la mano de Eva. El sólo contacto de su piel hizo que el vello de Eva se erizara, al igual que sus pezones rosados. Sintió vergüenza en ese momento, pero antes de que pudiera reaccionar ante la sorpresa, Patricia estaba acercando la mano de Eva hasta su sexo.

Eva no podía creer lo que estaba pasando. Si ya se sintió confusa la noche anterior al acostarse con su propia entrenadora, lo de ahora ya no tenía nombre. Por un momento le asaltaron miles de dudas, además del temor que Esther las pillara en ese momento. Pero decidió dejar atrás sus miedos y se dejó llevar del mismo modo que la vez anterior. Eva alargó sus dedos y empezó a masturbar a su compañera mientras las dos se miraban cara a cara. De repente sintió un morbo tremendo al notar el calor que desprendía la vagina de su ex enemiga. Lo más agradable fue notar la humedad de su zona íntima, siendo un claro reflejo de la excitación que estaba sintiendo en ese momento.

Sin decir ni una palabra, ambas se tumbaron en el suelo y se besaron con un frenesí absoluto. Era una delicia sentir el cuerpo desnudo de su compañera y que sus caricias y lametones inundaran todo su ser. Entonces Eva decidió poner en práctica lo que justo ayer había experimentado en ese mismo lugar, y sin saber muy bien por qué, decidió comerle el coño a Patricia. Se lanzó hacia él con un ansia tremenda y lamió todos y cada uno de sus recovecos. Era el primer cunnilingus que hacía, y le encantó sentir en su boca el sabor salado de su compañera.

De repente, Patricia gimió de placer mientras sacudía todo su cuerpo. Un líquido transparente fue expulsado como si de un chorro se tratase, hasta acabar en la boca de Eva. Sabía que algunas chicas eran capaces de eyacular y correrse de gusto al alcanzar el orgasmo, pero esto era demasiado. Eva lamió y se tragó absolutamente todo lo que salió disparado hacia su boca. Fue una sensación tan maravillosa el hecho de conseguir que Patricia disfrutara hasta esos límites, que Eva se sintió triunfante y capaz de repetir aquella experiencia una y otra vez hasta el fin de los tiempos.

– Ahora te toca a ti. Déjame que te dé un poco de lo que tú me has dado. – dijo Patricia con una sonrisa pícara en su rostro.

Pero en aquel preciso momento, mientras las dos jóvenes yacían estiradas en el suelo rodeadas de su ropa interior y sus prendas de entrenamiento, Eva se dio cuenta de que Esther, la entrenadora de ambas, estaba espiándolas desde la puerta de entrada de los vestuarios.

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