bate de beisbol por el coño relato erotico

Estaba deseando llegar a casa y poder masturbarme en condiciones. Llevaba varios días sin practicar sexo, así que las ganas apretaban cada vez más. No veía el momento de tumbarme sobre el sofá de mi casa y dedicarme a darme placer en soledad hasta alcanzar el orgasmo más puro y pleno posible. Sin embargo, en aquella ocasión estaba más necesitada de sexo que nunca. Unas ganas locas de acción invadían mi cuerpo, que me pedía disfrutar en grandes dosis de una sesión de onanismo puro y duro.

Tal y como dice el dicho, a grandes males, grandes remedios. Por lo tanto, aquel día dejé a un lado mi vibrador de toda la vida y busqué por toda la casa algún utensilio lo suficientemente grande como para satisfacer mi sed de sexo al completo y de forma eficaz. Busqué por todas las habitaciones, hasta que finalmente caí en la cuenta. Al lado de la puerta de entrada de mi casa guardaba un bate de béisbol. Lo tenía ahí por si algún día tenía que defenderme de algún ladrón que quisiera entrar en mi casa. Quién me iba a decir cuando lo compré que lo iba a terminar usando con aquel fin.

Me desnudé muy lentamente, prestando atención a estimular todas y cada una de las zonas erógenas de mi cuerpo. Empecé por mis grandes pechos, acariciando mis pezones con la punta de mis dedos y pellizcándolos ligeramente para ponerlos bien duros y erectos. Continué acariciando los labios de mi vagina y abriéndolos poco a poco para que se fueran acostumbrando a una dilatación extrema. Estaba claro que si me quería meter el bate de béisbol por el coño, iba a necesitar abrirme de piernas lo máximo posible. Aún y así, me gustaban los retos y no quería dejar pasar esta oportunidad de masturbarme como nunca antes lo había hecho.

Había llegado el momento clave. Iba a meterme aquel palo gigante entre mis piernas, pero antes necesitaba lubricar la zona lo suficiente para no sentir ningún dolor y que el bate resbalara por mi coño con la suavidad suficiente para excitarme y no hacerme daño. Por eso, abrí el cajón de mi cómoda y saqué un bote de lubricante vaginal. Unté todo el bate de arriba abajo, porque no sabía aún hasta dónde iba a ser capaz de metérmelo. Quería asegurarme de obtener el máximo placer posible, así que preparé el terreno para la acción sexual más atrevida posible.

Llegó el momento de meterme el bate por el coño. Al principio costó un poco, pero a los pocos minutos aquello ya entraba con una facilidad pasmosa. Mi chochito se abrió por completo para dejar paso a semejante pollón de madera, y yo me retorcía de placer cada vez que me lo metía hasta el fondo. La piel se me erizó, la respiración se me aceleró y mi sensibilidad se disparó por las nubes. Era una auténtica delicia sentir el gusto que me producía el contacto de aquel objeto en mi vagina. De repente, alcancé uno de los mejores orgasmos de mi vida. Incluso lubriqué en exceso, eyaculando a través de mi coñito pequeñas gotas de un líquido semitransparente. Desde luego, tanto esfuerzo había merecido la pena.

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