Después de pasar el día entero en la playa, poniéndonos morenos y disfrutando del agua, la arena y el sol, nos volvíamos ya a casa para descansar de la larga jornada veraniega. No nos habíamos llegado a quemar, pero sí que habíamos conseguido un color bronceado de piel de lo más sugerente y atractivo. Además, habíamos ido a una playa nudista, y lo cierto es que volvíamos muy cachondos al haber estado viendo nuestros cuerpos desnudos durante todo el día y no haber podido terminar follando en medio de la playa. Sí que es verdad que nos daba cierto morbo hacerlo a la vista de tanta gente, pero la vergüenza nos pudo y tuvimos que esperar a llegar a casa para dar rienda suelta a nuestra fogosidad.

Una vez aparcamos el coche, cogimos nuestras cosas y salimos pitando hasta nuestro apartamento. Ella insistió en que nos pusiéramos after sun sobre nuestra piel para cuidarla y evitar así futuras quemaduras. Yo lo que quería era acostarme con ella ahí mismo, pero pensé que podía ser muy erótico el hecho de untarnos con crema el uno al otro, completamente desnudos y tan calientes como estábamos. Así que nos pusimos manos a la obra. Nos arrancamos la ropa casi literalmente con los dientes y nos empezamos a sobar mientras la crema fría nos aliviaba el calor que desprendía nuestra piel.

La verdad es que yo aprovechaba cualquier despiste de ella para meterle mano y besarla de manera furtiva. A ella también le apetecía una buena sesión de folleteo, por lo que dejamos a un lado la crema y empezamos a frotar nuestros cuerpos, resbalándose entre sí y estimulándonos en gran medida. Yo estaba tan cachondo que mi polla parecía que iba a reventar, así que a la primera de cambio se la metí a mi novia en su coñito suave y resbaladizo, penetrándola hasta el fondo y provocándole gemidos de placer que rebotaron en las paredes de nuestro cuarto de baño.

De pie, nos entregamos al vicio sexual más puro y sano. Sí que es cierto que era una postura un tanto complicada para follar, pero no queríamos romper el morbo del momento y tener que irnos a la cama o a cualquier otro sitio. Queríamos gozar hasta el final ahí mismo, enrollándonos como verdaderos posesos y compartiendo nuestra saliva en una espiral de pasión sin fin. Yo movía mi cintura con un ritmo acompasado y conseguía así frotar mi polla con las paredes del coñito de mi novia. Podía sentir todo el calor y la humedad de ahí dentro, recreándome en cada pequeño movimiento y estimulándonos para conseguir el más grande de los placeres.

Ella gimió al alcanzar el orgasmo. Normalmente siempre tardaba un poco más en correrse, por lo que encantó verla loca de placer, y anoté mentalmente que debíamos repetir aquella postura más a menudo. A los pocos minutos, yo tampoco pude resistirme y me corrí dentro de ella, realizando movimientos espasmódicos y llegando hasta el final en una locura de sexo, calor y humedad. Exhaustos, nos decidimos darnos una ducha fría para aliviar nuestra piel y quién sabe si atrevernos con un segundo asalto.

Categorias XXX - Relatos Eroticos
Relato Erótico o Noticia subida el

Comentarios cachondos

¿Qué te parece el video? ¿Te va la marcha?