buscando coñito pajar relato erotico

Nos encontrábamos los cuatro disfrutando de un día en la montaña cuando de pronto, una lluvia torrencial nos alcanzó y nos empapó de arriba abajo. Rápidamente salimos corriendo en busca de algún lugar que nos pudiera proteger del agua y esperar a que la tormenta amainara. Empezamos a correr en dirección a un pajar que vimos a lo lejos, con la esperanza de que el dueño nos dejara entrar y resguardarnos durante un rato.

Nada más llegar a las puertas del pajar, comprobamos por nosotros mismos que se trataba de un lugar abandonado. Abrimos la puerta sin ningún problema y pudimos entrar para resguardarnos así del viento, el frío y la lluvia. Pilares de paja se extendían ante nosotros, así que nos sentamos sobre ellos y empezamos a quitarnos la ropa con la esperanza de que se secara a la mayor brevedad posible. Estábamos los cuatro casi en pelotas, llevando simplemente la ropa interior. La verdad es que el lugar era bastante confortable y acogedor, así que rápidamente nos acostumbramos a la situación y empezamos a entablar diversas combinaciones para pasar el rato.

No sé cómo fue la cosa, pero sin comerlo ni beberlo terminamos hablando todos sobre sexo. Hacía muchos años que éramos amigos, pero nunca nos habíamos enrollado entre nosotros. Ni mucho menos nos habíamos llegado a acostar, pero esta nueva situación nos ayudó a aligerar tensiones y acercar posturas. Empezamos a masajearnos para entrar en calor y sentirnos más reconfortados. Entre bromas y cachondeo, dos de nosotros empezaron a besarse de repente, para asombro del resto. Ella y yo nos miramos a la cara y sin poder remediarlo, nos fundimos en un abrazo de deseo y pasión. Parecía claro que estábamos cruzando una línea bastante peligrosa de la que ya era imposible poder echarse atrás.

Empalmados como estábamos, los dos empezamos a masajear las tetas de nuestras dos amigas. Las frotábamos y las lamíamos de arriba abajo, prestando especial atención a sus pezones totalmente erectos y excitados a más no poder. Con mi otra mano, busqué el coñito de mi amiga y empecé a masturbarla con mis propios dedos. Podía sentir la humedad y el calor que desprendía su vagina, y me puse totalmente cachondo sin poder remediarlo. Quizá estábamos todos algo extrañados, pero lo que estaba claro es que íbamos a acabar follando y apaciguar así esa tensión sexual que ya llevábamos arrastrando desde hacía varios meses.

Mientras ellos dos se entregaron al sexo oral, yo empecé a penetrar a mi amiga con unas ganas locas. Se abrió de piernas y me dijo que quería sentir toda mi polla dentro de ella. Yo no me lo pensé dos veces, así que me bajé los calzoncillos y peté su coñito hasta el fondo. Empezamos a sudar y la paja se pegaba a nuestros cuerpos. Sin embargo, aquello no nos importaba en absoluto. Lo único que queríamos era gozar de aquel acto sexual a cuatro bandas y sentir todo el placer posible.

Sin previo aviso, ella se derritió de placer al alcanzar un orgasmo que era visible a simple vista. Sus gemidos delataban el gusto que estaba experimentando en esos momentos. Aquello me puso tan cachondo que no pude resistirme y me corrí dentro de su coñito. Los dos rabiábamos de placer y lo expresábamos a través de nuestras respiraciones entrecortadas, nuestros jadeos de deseo y nuestras miradas perdidas en el éxtasis más puro.

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