calenton en la playa relato erotico

Era su última noche en Ibiza, y Lara y Eduardo querían vivir aquellas últimas horas de forma intensa y apasionada. Hacía varios años que no podían disfrutar de unas vacaciones como dios manda, así que querían convertir aquel viaje en una experiencia totalmente inolvidable. Habían visitado la isla, disfrutado de sus playas y bailado hasta el amanecer en las diferentes discotecas, pero había algo que aún no habían hecho. Por una cosa o por otra, no habían tenido tiempo para acostarse juntos desde que aterrizaron, así que querían poner remedio al asunto de inmediato. Su avión salía en tan solo unas horas, y querían guardar un bonito recuerdo de aquel viaje en común.

Se encontraban aún en la playa y el sol bajaba con una velocidad pasmosa. Estaba atardeciendo, y el cielo se tiñó de un color rosado alucinante. Pese a que aún quedaban algunas personas en la arena, nadie se bañaba ya. Eduardo hizo un gesto a su chica para darse el último chapuzón del verano. Ella aceptó, y juntos de la mano se acercaron hasta la orilla. El agua estaba algo fría, pero no tardaron en meterse hasta el cuello. Una vez dentro, empezaron los arrumacos y las caricias bajo el agua. Eduardo frotaba su sexo contra el de su novia, que a través del bañador notaba lo empalmado que estaba.

– Con lo fría que está el agua, ¿cómo puedes ponerte tan cachondo en tan poco tiempo? – preguntó Lara sorprendida. Eduardo le contestó con un beso apasionado en la boca, mientras el agua de Ibiza les rodeaba y se mezclaba con el cielo rojizo. Desde luego, la imagen era perfecta, y el momento era el idóneo para dejar escapar aquella pasión que llevaba tantos días encerrada en sus cuerpos.

Lara miró a ambos lados, y al ver que eran los únicos que se encontraban en el agua en ese momento, metió su mano dentro del bañador de Eduardo y agarró su pene con todas sus fuerzas. Podía notar incluso cómo le latían las venas de la polla, tan empalmado como estaba. Empezó a mover su miembro de arriba abajo para conseguir excitarlo aún más. Él por su parte, buscó con sus dedos la vagina de Lara y empezó a introducírselos uno a uno hasta el fondo. Notaba el calor de su sexo deseoso de acción, y quería satisfacerla tanto como lo estaba haciendo ella con él. Por eso, se esmeró sobremanera en recorrer cada zona erógena de su coñito y estimularlas de forma correcta. Ambos se encontraban masturbándose el uno al otro, y sus cuerpos se estremecían de placer bajo el agua del mar.

Pese al frío inicial, gracias al calentón que llevaban los, pronto se olvidaron de las bajas temperaturas y empezaron a caldear el ambiente alrededor de ellos. Eduardo se colocó detrás de su novia, y con sus respectivos bañadores fuera de sus cuerpos, empezó a penetrarla desde esa misma posición. Su pene entraba con una facilidad pasmosa bajo el agua, y Lara se estremecía cada vez que su novio le embestía por detrás. Él le abrazaba y manoseaba las tetas de ella, que flotaban ligeramente en aquel medio líquido.

Los dos seguían con su ritmo frenético, ajenos totalmente a lo que pasaba a su alrededor. Entonces, Eduardo avisó a su chica de que estaba a punto de correrse, y ella, sólo con oír la voz de su novio en su oreja, también experimentó un orgasmo intenso y pleno. Mientras él eyaculaba en el interior de su novia, ella se estremecía de placer, y su vagina se contraía y cerraba del gusto que le daba. Permanecieron en esa misma postura unos segundos más, una vez que ambos ya habían experimentado el placer más absoluto. Querían alargar aquel momento, hacerlo eterno en el tiempo, y por eso Eduardo aún tenía su pene semi erecto dentro del coñito de su novia. Al mismo tiempo, se abrazaban y besaban de forma apasionada, grabando así a fuego en sus memorias aquel polvo maravilloso bajo el agua del mar de Ibiza.

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