una cena familiar incestuosa 2 relato erotico

Lucía volvía a casa de su tía Mari Carmen aquel domingo para visitarla. Bueno, en realidad a quien ella quería ver era a su nuevo tío, el atractivo Claudio. Ambos ya habían experimentado la pasión más pura durante las últimas navidades, cuando en un descuido del resto de la familia, Lucía y él se escabulleron hasta la cocina y follaron como locos a escondidas. A Lucía nunca le había gustado ir a ver a su tía, y le parecía un verdadero coñazo aguantar sus historias absurdas y totalmente aburridas. Pero ahora tenía un nuevo aliciente para hacer la visita de rigor. Y es que la compenetración con su tío Claudio había sido tan intensa, que ahora era la propia Lucía la que buscaba cualquier excusa para ir a verles y acabar follando con él.

Aquella tarde, la tía Mari Carmen iba a salir con sus amigas para su cita de rigor de los sábados. Mientras ella jugaba al bingo con sus amigas, Lucía se iba a tirar a su novio en su propia casa. Nada más cruzar la puerta, Lucía le dio dos besos a su tía Mari Carmen, que estaba repeinada y maquillada como una puerta.

-Chao, cielo. Pásalo bien con Claudio. A ver si vienes a verme un día que yo también esté. Cuídate, cariño. – Dijo Mari Carmen, que ya estaba lista para irse. De este modo se marchó, dejando a su novio y a su sobrina a solas. Nada más verse, Claudio cogió en volandas a Lucía, y la besó en los labios de forma apasionada. Ambos sabían a lo que había venido ella, y no pensaban perder ni un segundo de su tiempo en cháchara ni conversaciones absurdas. Así que se fueron derechos al dormitorio, donde iban a costarse sobre la cama de su propia tía.

Lucía empezó a desnudarse, enseñando sus pechos jóvenes e incipientes bajo la atenta mirada de Claudio. Él no pudo contenerse, y agarró con sus manos las tetas de Lucía. Las estrujó, chupó y lamió a su antojo, cubriéndolas con su saliva y deleitándose con su forma y textura. Aquellas tetas eran una maravilla de la naturaleza, todo un portento del que Lucía era la única dueña y señora. Pero aún quedaba descubrir su tesoro más íntimo y oculto, su coñito dulce y depilado. La vagina de su sobrina era una auténtica delicia, y su sabor le volvía completamente loco a Claudio. Empezó a comérselo como nunca antes se había comido un coño, mucho menos el de Mari Carmen. Jugueteó con su lengua por todos y cada uno de sus rincones, haciendo que Lucía vibrara de placer y se estremeciera con cada lametazo que su tío le metía en la entrepierna.

Ahora era Lucía la que quería satisfacer oralmente a Claudio, así que se arrodilló frente a él y le empezó a comer la polla con ganas. El jugoso pene erecto le llegaba a rozar la campanilla, pero ella seguía dale que te pego, chupando con auténtico frenesí. Tan rápido le dio al asunto, que Claudio se corrió sin previo aviso, llenándole la boca, el cuello y las tetas de leche caliente. Lucía aprovechó buena parte del semen para untárselo en su coño y utilizarlo a modo de lubricante para masturbarse. Con la polla de Claudio aún en la boca, Lucía se tocaba el coño con la punta de sus dedos. Él decidió echarle una mano, e introdujo un par de dedos en la vagina de Lucía. Los dedos de Claudio eran tremendamente hábiles, y se notaba que sabía dónde tenía que tocar para excitarla de verdad. Tan cachonda se puso, que enseguida alcanzó un orgasmo explosivo que sumergió a Lucía en un éxtasis absoluto.

Tranquilamente, se levantaron de la cama, se vistieron e intentaron dejar todo tal y como estaba antes de que Lucía llegara. No querían levantar sospechas por parte de Mari Carmen, y así poder seguir follando a escondidas durante mucho, mucho tiempo. Desde luego, esto no había hecho más que empezar.

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