clavandola hasta el fondo relato erotico

Toda su vida, Andrea había arrastrado un problema íntimo que no le dejaba vivir con plenitud su sexualidad. Y es que, desde el momento en el que perdió la virginidad, hasta hacía unos pocos días, Andrea tenía una vagina demasiado estrecha que no le permitía ser penetrada en condiciones. Aunque no había tenido nunca problemas a la hora de ir al baño ni en su higiene íntima, nunca había podido tener sexo hasta el fondo y de forma satisfactoria. Pero eso pronto iba a ser algo del pasado, ya que Andrea se acababa de someter a una cirugía vaginal para poder ensancharla y ser follada como nunca antes había podido.

Se podía decir que, debido al problema íntimo de Andrea, nunca había sentido el sexo en todo su esplendor. Tras pasar el post-operatorio con éxito, su coñito estaba preparado para la acción sexual más bestia e intensa que se pudiera encontrar. Pretendientes no le faltaban, porque la verdad es que Andrea era un bellezón que quitaba el hipo a cualquiera que la viera pasar por delante. Tenía un cuerpo hermoso y bien definido, un buen par de tetas grandes y naturales, y un culito hecho única y exclusivamente para el pecado más absoluto. Además era sábado por la noche, y ella decidió salir a la aventura, en busca de aquel hombre que le hiciera sentir mujer por primera vez.

No le costó mucho que se le acercaran un buen número de chicos en la discoteca de turno, así que pudo escoger al mejor de todos ellos para acostarse con él. Fueron directamente al grano, y casi sin mediar palabra, acabaron los dos en el apartamento del chico en cuestión. Andrea estaba tan preparada que no llevaba ni las bragas puestas, así que el chico se puso las botas ya en el trayecto en taxi desde la discoteca hasta su domicilio. Empezó a meter mano a Andrea, introduciéndole los dedos en el coño recién estrenado. Aquello entraba con una facilidad pasmosa, y ella pensó que si la cosa iba ocurriendo como tenía pensado, iba a ser una de las mejores noches de su vida, sexualmente hablando.

El chico abrió la puerta de su casa, dejando pasar a Andrea en primer lugar. Estaba claro que el chico, además de guapo, era todo un caballero. Pero lo que de verdad buscaba Andrea es que se la clavara hasta el fondo sin ningún tipo de piedad. Nada más llegar, ella se subió el vestido, dejando ver el coñito nuevo y depilado a su ligue. Él se volvió loco, y tuvo que agacharse de inmediato y empezar a comérselo como Dios manda. Su lengua estaba muy bien entrenada para realizar cunnilingus, y con la punta era capaz de llegar a todos y cada uno de los rincones del interior de Andrea.

Tras una buena sesión de sexo oral, ambos se desnudaron y se tumbaron en el sofá del salón. Una vez ahí, él empezó a penetrarla vaginalmente. Tenía una buena polla, grande y gruesa, y pese a su gran tamaño, a Andrea le cabía entera y hasta el fondo. Nunca antes le habían tocado tan adentro, y el placer que habitualmente había sentido al practicar sexo, se estaba multiplicando en estos momentos por mil. Sentía que el orgasmo le iba a llegar de un momento a otro, pero no sabía que iba a ser tan intenso. Los gritos de ella asustaron en un principio al chico, pero al verla tan entregada, él se puso aún más cachondo, y apretaba con más ganas si cabe.

Andrea empezó a encadenar un orgasmo detrás de otro. No se lo podía creer. Su chochito húmedo estaba totalmente receptivo a ser penetrado, y la lubricación ayudaba a que la sensación fuera aún más placentera. Con cada embestida, ella gritaba de gusto; y con cada grito, a él se le ponía más y más dura. Llegó el momento en el que el chico no pudo más, y se corrió de forma explosiva dentro de la nueva vagina ensanchada de Andrea. Una corriente de semen inundó su cuerpo, llenándola por completo. Justo en ese momento, ella disfrutaba de su cuarto orgasmo sin interrupción. Su cuerpo estaba en éxtasis, su piel erizada y la sensación de placer era tan intensa que creyó por unos momentos que su cuerpo flotaba en el aire.

Tras el polvo maravilloso que acababan de echar, ambos se abrazaron y se besaron bajo el abrigo de las sábanas. Sus cuerpos se rozaban y aún se excitaban al recordar lo gratificante que había sido aquel momento de cama. Andrea estaba en una nube. Por fin había descubierto las maravillas de una penetración vaginal completa, y pensaba ponerla en práctica siempre que le fuera posible. Una nueva vida sexual se abría ante sus ojos, y sólo con pensar lo mucho que iba a follar de ahora en adelante, se le dibujaba una sonrisa en su dulce cara.

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