Recuerdo la primera vez que conocí a Lucía con total perfección. Estaba yo con mis colegas celebrando la despedida de soltero de mi mejor amigo cuando hizo aparición la stripper, que no era otra que esta chica que me trajo loco desde el primer momento. Aquella tía buena morena de ojos color miel y un par de tetas que deslumbrarían a cualquiera causó un enorme impacto en mí desde la primera vista. Y es que nada más verla, surgió en mí un deseo enorme de follármela sin parar durante toda la noche. Yo sabía que aquella noche era para dedicarla por entero a mi amigo que se iba a casar dentro de poco, pero no podía evitar forzar un acercamiento con ella para ver si así surgía la chispa y acabábamos acostándonos juntos. Cosas más raras se habían visto, así que no quería cerrarme a nada. Me lo planteé como el que hecha la lotería, que unas veces se gana y otras se pierde. No obstante, os puedo asegurar que aquella vez gané, y mucho.

Con el tonteo típico de la situación, todos los amigotes empezamos a corear el nombre de Lucía mientras ella se iba quitando la ropa y nos regalaba un seductor baile sobre una silla. Sus movimientos sensuales hicieron que me empalmara en cuestión de segundos, despertando en mí unas ganas de sexo locas. Mientras veía como mi colega y ella se movían juntos al ritmo de la música y ella le seducía y plantaba sus tetas en toda su cara, la verdad es que sentí algo de celos y una envidia sana en la que me veía a mí mismo en su papel y gozando como nunca. Necesitaba acercarme a ella y tratar de seducirla para saber si tenía alguna oportunidad de pasar una noche de sexo desenfrenado junto a ella, por lo que una vez la fiesta empezó a degenerar, me armé de valor y decidí mostrarle todas mis armas de seducción para ver si así sonaba la flauta.

Nada más empezar con el flirteo, me di cuenta de que ella también se mostraba receptiva ante mí. Mi vista se iba completamente a mirarle sus tetas y su cuerpo perfecto, por lo que me resultaba muy difícil mirarle a los ojos directamente. Lo cierto es que ella también me imponía muchísimo. Nunca había estado con una chica tan escultural y llamativa, pero como veía que la cosa iba genial me decidí a invitarle a una copa. Aquella copa llevó a otra, y sin comerlo ni beberlo finalmente nos vimos escapando de aquel local y llegando a mi apartamento para culminar aquella noche como se merecía. Sin pedírselo, empezó a desnudarse delante de mí, dedicándome un baile sensual totalmente sincero y excitante. Este sí que era de verdad, no como el de antes. Podía ver el deseo en sus ojos y sabía que ella, al igual que yo, estaba loca por tener sexo y revolcarnos juntos durante toda la noche.

Continuará…

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