Desde el primer momento en que la vi, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Todos mis sentidos se agudizaron al ver aquel monumento andante. Sus enormes tetas se marcaban en aquel top tan estrecho, dejando poco a la imaginación y pudiendo recorrer con mis ojos todo el perfil de sus pezones. Si seguimos para abajo, pude comprobar que aquella chica de piel morena tenía una cintura estrechita y la mar de manejable. Me estaban entrando unas ganas tremendas de agarrarla ahí mismo y follármela delante de todo el mundo. Sea como fuere, se me debió notar en mis ojos libidinosos mis ganas de sexo, porque ella se fijó en mí y me dedicó una sonrisa pícara.

Pensaba que aquello iba a quedarse ahí, pero afortunadamente no fue así. Tras aquel primer contacto visual, ella se acercó hasta mí y se presentó con una naturalidad y desparpajo increíble. Con toda la naturalidad del mundo, y con una sonrisa de oreja a oreja, empezó a hablarme como si tal cosa.

– Me llamo Liz. No he podido evitar darme cuenta que me estabas mirando de arriba abajo. ¿Quieres venirte conmigo y pasar un rato agradable juntos? – me soltó de sopetón, sin darme casi tiempo a reaccionar ante tal golpe de suerte que estaba viviendo en ese mismo momento.

Yo, por supuesto, acepté casi sin pensar. De hecho, no hacía falta darle muchas más vueltas a la situación. Tanto ella como yo queríamos disfrutar del sexo juntos, así que nada nos impedía acostarnos y desahogar nuestros instintos más salvajes el uno con el otro. Yo propuse que nos fuéramos a mi casa, pero ella me dijo que no quería esperar más, y que estaba dispuesta a follar conmigo en plena calle. Yo no estaba tan seguro de ello, pero como no quería desaprovechar la oportunidad y que ella pensara que yo no estaba lo suficientemente interesado, le dije que buscáramos un sitio algo más discreto y empezáramos a saco el folleteo puro y duro.

Pues dicho y hecho. A unos cuantos pasos de donde estábamos nos encontramos con un parque con varios árboles. Parecía el sitio ideal para refugiarnos un poco de la vista de los demás y poder dar rienda suelta a nuestra pasión desmedida. Ella se mostró lanzada desde el primer momento, dejándome a mi casi como un completo inexperto en el tema. No quise rechistar en ningún momento, así que dejé que ella tomara las riendas de la situación y me guiara en todo momento. Poco a poco me fue desabrochando la camisa y los pantalones, dejando mi polla al aire, y empezó a chupármela con unas ganas locas. Sentía sus labios suaves y expertos rodear todo mi rabo, masajeándolo y haciendo que se me pusiera dura por momentos. Mientras yo cogía su cuello y empujaba toda su cara hasta que me la comía por completo. Podía notar como la punta de mi nabo rozaba con el fondo de su garganta, y aquello me ponía a mil. Ella se estrujaba las tetas entre ellas y me dijo que le acariciara los pezones con la punta de mis dedos. Aquello se estaba convirtiendo en toda una escena porno en mayúsculas, y tenía claro que íbamos a disfrutarlo de principio a fin.

Continuará…

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