Ahora que por fin tenía a Liz entre mis manos y sólo para mí, me tomé unos segundos para contemplar su cuerpo de arriba abajo. Aún no podía creerme que semejante bellezón hubiera aceptado acostarse conmigo a la primera de cambio, pero así era y pensaba aprovechar el momento al máximo. Hundí mi cabeza entre sus enormes tetas cubanas y se noté todo su calor y presión sobre mi cara. Olía tan bien que aspiré bien fuerte para sentirla por completo, recreándome en sus pezones mientras los lamía con la punta de mi lengua. Sus pezones eran enormes, a juego con sus tetas, y de un color oscuro que me volvía loco. Con cada lametazo, los pezones se le ponían duros y ella gemía de placer.

No tenía ninguna prisa en empezar al folleteo propiamente dicho, así que me chupé los dedos hasta humedecerlos y se los metí en su coñito caliente. Sabía muy bien donde tocar para estimularla como sólo ella se merecía, así que me dediqué en cuerpo y alma en hacerle el mejor dedo de su vida. Masturbarla era una verdadera delicia, y cuanto más cachonda estaba ella, más dura se me ponía a mí. Ella no pudo resistirse al ver mi enorme polla lista para la acción, así que me la agarró con ambas manos y empezó a meneármela con una técnica perfecta. Sus manos con las uñas largas y pintadas se movían con una precisión asombrosa mientras me masturbaba a dos manos. Así que ahí estábamos los dos, provocándonos placer antes de tan siquiera empezar a follar.

Ahora que el ambiente ya estaba lo suficientemente caldeado, decidí que era el momento de tomar la iniciativa y penetrar a aquella cubanita hasta el final. Para ello, ella se puso de espaldas a mí y abrió todo su culito para que yo pudiera follármela sin reparos. Pude agarrarla por la cintura para así coger impulso y clavársela hasta el fondo y más allá. Con cada embestida, su dulce culito temblaba como si estuviera hecho de gelatina. Era una auténtica delicia para todos los sentidos follar con Liz, y cuanto más aceleraba el ritmo, más sudábamos y gemíamos los dos de placer. Tanto es así que por momentos tuve que reducir la velocidad, ya que no quería correrme antes de tiempo y mi intención era alargar aquel polvo todo lo que fuera posible.

Ella no se resignó a quedarse quiera mientras yo le follaba el culito despiadadamente, ni mucho menos. Meneaba su cintura al mismo ritmo que yo para que la penetración fuera máxima y plena. Le avisé que si seguía así no iba a tardar mucho en correrme, y así fue. No pude resistirme y un chorrazo de lefa salió de mi polla hasta inundar el interior de su culito por completo. La sensación que sentía en aquellos momentos fue totalmente indescriptible, ya que los dos estábamos al borde del éxtasis y completamente exhaustos, nos abrazamos sin modificar nuestra postura, como queriendo alargar aquel momento en el tiempo.

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