desatando la pasion relato erotico

Estábamos tan cachondos que no íbamos a aguantar mucho tiempo más sin practicar el sexo el uno con el otro. La tensión sexual no resuelta que íbamos acumulando a lo largo de nuestras largas jornadas de trabajo tenía que aflorar de algún modo, y aquella misma tarde al salir del trabajo nos fuimos juntos a desatar nuestro deseo más íntimo. Un simple gesto bastó para darnos cuenta que ahora era el momento ideal, y que si no nos lanzábamos a la piscina, nos íbamos a pasar el resto de nuestra vida arrepintiéndonos de no habernos arriesgado a experimentar la pasión más absoluta.

Nos fuimos apresuradamente a reservar una habitación de hotel. Un terreno neutro en el que poder sentirnos extraños y cómplices al mismo tiempo. Cuantas menos sospechas levantáramos en el trabajo, mejor. Nada más entrar en el dormitorio, y sin mediar palabra, nos fundimos en un beso apasionado. Aquel primer beso fue el principio de todo lo que vendría después. Nos desnudamos lentamente, contemplando y admirando el cuerpo del otro. Nos dedicamos miles de caricias, una por cada día que no pudimos expresar el amor que nos profesábamos el uno al otro. Nuestros cuerpos calientes de deseo estaban deseando entrar en contacto y disfrutar del sexo como nunca antes lo habíamos hecho.

Tumbados en la cama en ropa interior, frotamos nuestros sexos el uno contra el otro. Era una maravilla que por fin pudiéramos disfrutar de aquel momento íntimo, ya que podíamos hacer todo lo que nos viniera en gana. Finalmente nos quedamos completamente desnudos y nos preparamos para el sexo más gratificante. Empezamos a follar de un modo animal, entre gemidos y movimientos bruscos. Te penetraba hasta llegar al fondo de tu coño con mi polla erecta. Con cada embestida, ambos respirábamos entrecortadamente debido al gusto que nos producía todo aquello. No había palabras para describir aquella sensación única e irrepetible. Era nuestro primer polvo, y como tal, estábamos descubriendo al mismo tiempo las intimidades sexuales del otro.

Cuando la posición del misionero se nos hizo algo repetitiva, tomaste la iniciativa y te colocaste encima de mí. Abierta de piernas y montándome como si fuera un caballo, movías tu cintura para estimular así todo mi pene erecto. Nunca antes había visto a una chica moverse así en la cama, desde luego. Sabías muy bien lo que hacías para conseguir ponerme a cien en todo momento. Nuestros cuerpos se deslizaban entre ellos con una facilidad pasmosa, y cada penetración encerraba un pequeño orgasmo en sí mismo.

Entre gritos de pasión, te corriste encima de mí. Tu vagina se estremecía de placer y se estrechó considerablemente, haciendo que sintiera mucho más en mi polla cada vez que te petaba. A los pocos segundos yo también me corrí dentro de ti, llenándote por completo con toda mi leche caliente. Permanecimos unos minutos en aquella postura, porque era la forma de estar más cerca el uno del otro. Al recuperar la respiración, te lanzaste sobre mí y nos dimos miles de besos y de caricias. El polvo que acabábamos de echar era la prueba evidente de que lo que sentíamos el uno por el otro iba más allá de un calentón momentáneo.

Categorias XXX - Relatos Eroticos
Relato Erótico o Noticia subida el

Comentarios cachondos

¿Qué te parece el video? ¿Te va la marcha?