descubriendo nuestros cuerpos mujer relato erotico

Pese a que ninguna de las dos era lesbiana y siempre habíamos sentido atracción hacia los hombres, sí que es cierto que entre nosotras existía una atracción y un morbo lésbico innegable. En más de una ocasión nos habíamos quedado mirando y disfrutando del cuerpo de la otra mientras nos duchábamos en el gimnasio. La verdad es que las dos estábamos de muy buen ver. Yo era una chica rubia con un buen par de tetas y un cuerpo muy bien definido, mientras que tú eras una morena de armas tomar tremendamente sensual y que contaba con unas curvas de vértigo. Era inevitable que nos piropeáramos constantemente y resaltáramos la belleza y la excelente condición física de la otra. Sin embargo, aquella tarde decidimos dar un paso más allá y experimentar con nuestra sexualidad explorando otros campos nunca antes visitados.

Todo comenzó mientras veíamos una película juntas en mi propia casa. No había nada de extraordinario en ello, pero sí que es verdad que el ambiente empezó a caldearse cuando las protagonistas de la película empezaron a tener sexo entre ellas. Tú y yo nos miramos con una sonrisa dibujada en nuestras caras, como siendo cómplices de que a nosotras mismas nos pasaba exactamente lo mismo que a las actrices de la peli. Sin saber muy bien por qué ni como, de repente estábamos las dos besándonos en los labios y compartiendo caricias y mimos sin control alguno. Era algo divertido y a la vez excitante poder hacer ese tipo de cosas con una de tus mejores amigas. No había nada de malo en lo que estábamos haciendo, así que lejos de parar y dejarlo en aquel punto, cogí de la mano a mi amiga y me la llevé derecha a mi habitación.

Una vez allí, supimos que ya no habría vuelta atrás. Éramos dos chicas que iban a acabar follando entre ellas, pero ambas sabíamos que teníamos unas ganas locas por hacerlo. Nos desnudamos hasta dejar nuestros cuerpos totalmente libres y accesibles para la otra. Aunque ya nos habíamos visto muchas veces desnudas, esta vez era diferente. Podía sentir la pasión que se respiraba entre nosotras, así que me lancé a la piscina y empecé a lamerte los pezones de tus tetas de arriba abajo. Era una maravilla sentir tus pechos sobre mi cara mientras tú buscabas con tus dedos en mi entrepierna y empezabas a masturbarme sin parar.

Yo también hice lo propio, así que acerqué mi mano hasta tu coñito y te metí un par de dedos hasta acariciar tu clítoris con la punta de mis dedos. Las dos sabíamos muy bien como proporcionarnos placer en gran medida, por lo que nos pusimos a ello de inmediato mientras no dejábamos de besarnos en ningún momento. Era como una especie de competición, ya que luchábamos por ver quién de las dos conseguía alcanzar el orgasmo antes que la otra. Nuestros dedos trabajaban a destajo y se quedaban húmedos debido a nuestros fluidos vaginales que emergían para lubricar nuestras zonas íntimas de manera natural.

Todo apuntaba a que estábamos a punto de vivir uno de los mejores orgasmos de toda nuestra vida, tal y como pudimos comprobar a los pocos minutos. Entre jadeos y gemidos intensos, nos corrimos de placer mientras nuestras lenguas se retorcían la una con la otra formando una espiral sin fin. Entre risas y caras de vergüenza, nos vestimos e hicimos como si no hubiera pasado nada entre nosotras. Simplemente nos despedimos y quedamos para nuestro siguiente día de gimnasio. Sin embargo, yo me moría de ganas por volver a repetir la experiencia contigo en cuanto volviera a surgir la ocasión.

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