follada interracial relato erotico

Nuestros cuerpos estaban tan calientes que necesitaban desahogarse mutuamente. La atracción sexual que sentíamos la llevábamos arrastrando desde el primer día en que nos conocimos, y había llegado un punto en el que o nos arriesgábamos del todo y dábamos rienda suelta a nuestra pasión, o nos cerrábamos en banda para siempre. Afortunadamente escogimos la primera opción, y la verdad es que no me arrepiento en absoluto. Por fin nos atrevimos y dimos el paso para vivir un momento tremendamente erótico y placentero.

Tu piel morena me llamó la atención desde un principio, pero tu físico y tu carácter alegre y extrovertido me volvieron completamente loca. Un día me dijiste que tenía un culito de infarto y yo sonreí como una tonta. Aquella fue la primera pista que nos llevó a hacer lo que hicimos aquella noche. Nos quedamos hasta tarde en el trabajo y tú te ofreciste a llevarme en coche hasta mi casa. Yo acepté, y una vez en la puerta, te propuse subir. Tú no lo dudaste ni por un segundo, afortunadamente. Me hiciste sentirme segura y decidida en todo momento.

Nada más entrar en mi casa, te acercaste peligrosamente a mí y me diste un beso apasionado. Yo me quedé petrificada, pero al momento reaccioné y me dejé llevar de aquella locura sexual. Aproveché y me dejé abrazar por tus brazos musculosos. Eras un auténtico Dios de ébano, y sentía curiosidad por ver cómo era lo que tenías entre las piernas. Tú me desabrochaste la blusa con una furia inusitada y metiste tu cara entre mis grandes tetas. Lamiste mis pechos blancos y lechosos de arriba abajo, recreándote especialmente en mis pezones rosados. Yo te desnudaba con mis manos, dejando todo tu cuerpo duro y terso al aire. Tú me agarrabas con fuerza y me levantabas en volandas hasta lanzarme sobre la cama. Estaba claro que ya no había vuelta atrás: íbamos a follar como auténticas bestias salvajes.

Una vez desnudos por completo, te pusiste encima de mí y jugaste a rozar tu pene sobre mi vagina. Efectivamente, tu rabo era descomunal. Me pregunté si serías capaz de metérmela del todo, ya que tu pollón era de dimensiones desorbitadas. El contraste del color de nuestra piel era evidente, y nuestros muslos y brazos se entrelazaban crenado así una amalgama de tonalidades maravillosa. Nuestros cuerpos estaban totalmente listos para la acción más excitante.

La primera vez que me penetraste llegó incluso a dolerme un poco. Fuiste un poco brusco, y notar todo tu capullo dentro de mi coñito fue un impacto total. Me llenaste de tu carne negra y dura, y yo me estremecía al sentir aquella mezcla de dolor y placer tan excitante. Una vez las paredes de mi coño se acostumbraron a semejante miembro viril, empezaste a reventarme por dentro con cada sacudida. Tu pelvis trabajaba sin parar, penetrándome hasta el fondo, y yo gemía con cada sacudida. Estábamos sudando a más no poder, y nuestras pieles brillantes se fundían en un único color.

Jugabas con mis pezones hasta conseguir ponérmelos bien duros. Entonces empezaste a lamerlos con la punta de tu lengua con una mezcla de delicadeza y dedicación que nunca antes había experimentado. Recorriste todo mi cuello, haciendo que se me pusiera la piel de gallina. De repente, toda la excitación acumulada explotó en forma de orgasmo al unísono, corriéndonos al mismo tiempo y de manera totalmente sincronizada. Mientras tú me llenabas de tu leche, yo contraía las paredes de mi coño ante tanto placer recibido. Nuestros gritos se fundieron en uno solo, y terminamos aquel revolcón alcanzando el punto más alto de placer posible.

Tras el coito, me abrazaste entre tus fuertes músculos de color chocolate que resaltaban aún más mi blanca palidez. Hacíamos una pareja maravillosa, y ambos supimos en ese momento que aquel polvo iba a ser el primero de muchos otros. Acabábamos de comprobar que teníamos una química en la cama bestial, e íbamos a aprovecharla al máximo.

Categorias XXX - Relatos Eroticos
Relato Erótico o Noticia subida el

Comentarios cachondos

¿Qué te parece el video? ¿Te va la marcha?