follando hipster relato erotico

De todos los tipos de hombre que me había pasado por la piedra a lo largo de mi vida, me faltaba uno que últimamente conseguía excitarme de forma sobrehumana. En mis sueños eróticos siempre aparecía un hipster con una barba bien frondosa, sus gafas de pasta, un cuerpo musculoso lleno de tatuajes y esa fijación por la cultura más alternativa posible. Me moría de ganas por trincarme a uno y vivir junto a él momentos sexuales realmente inolvidables. Por eso, en cuanto te conocí en aquel local de moda, supe que mi objetivo iba a ser única y exclusivamente acabar en la cama contigo. Y vaya si lo conseguí. Si queréis saber todos los detalles, no tenéis más que seguir leyendo y excitaros de lo lindo con mi historia.

Resulta que aquella noche yo iba a la caza y captura de un buen maromo con el que follar a saco toda la noche. Desde un primer momento te eché el ojo y supe que ibas a ser tú el elegido. Tu porte atractivo, tus brazos musculosos y tu belleza masculina rematada por aquella barba espesa me volvieron completamente loca desde el minuto número uno. Por eso, me armé de valor y me acerqué hacia ti con la clara intención de acostarme contigo. Un poco de conversación y algo de tonteo fue suficiente para que me cogieras de la mano y nos escapáramos de aquel lugar. Queríamos ir a un sitio algo más íntimo para poder así dar rienda suelta a nuestra pasión desenfrenada. De modo que sin comerlo ni beberlo me encontraba en el apartamento de él, completamente desnuda de los pies a la cabeza y lista para ser follada sin compasión.

Tú te empezaste a desnudar poco a poco, mostrando tu cuerpo y presumiendo de él en todo momento. Te chupaste el dedo índice y empezaste a metérmelo por el coño, masturbándome con una habilidad increíble. Con cada movimiento que hacías conseguías ponerme a cien y que todo mi cuerpo se mostrara receptivo por completo. Era alucinante como podías hacerme correr de gusto, de modo que nos dejamos de juegos previos y empezamos a follar a saco. Me abrí de piernas y dejé que me clavaras tu polla hasta el fondo de mi coñito húmedo y caliente. Húmedo porque estaba tan cachondo que había empezado a lubricar como una perra, y caliente porque el calentón que llevaba encima era tremendo.

Jugabas con mis tetas y te recreabas con ellas, acariciándolas y sobándolas en todo momento. Yo hacía lo mismo con tu culito prieto, al que agarraba con ambas manos y acompañaba para que me follaras de manera más intensa y hasta el fondo. Nunca tenía suficiente de ti, por lo que quería que literalmente me reventaras el coño con tu enorme polla hasta que te corrieras dentro de mí y me dieras esa ración de leche caliente que tanto necesitaba mi cuerpo. Efectivamente, al final acabaste corriéndote en mi coñito y cubriéndome por completo con tu lefa. Yo, por mi parte, experimenté uno de los mejores orgasmos de toda mi vida. Todo mi cuerpo quedó en un estado de éxtasis absoluto. Cuando terminamos, recuperamos la respiración abrazados y besándonos sin contemplación.

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