follemos en el jardin relato erotico

Aquella mañana de sábado salí al jardín junto a mi novio. Hacía un día estupendo y queríamos aprovechar aquellas horas de sol para salir ligeros de ropa y ponernos morenos. Así que nos desnudamos, untamos nuestro cuerpo en aceite bronceador y nos tumbamos sobre el suave césped. Era una delicia sentir los rayos del sol sobre nuestra piel y notar el calor que desprendía. Tanto subió la temperatura que he de confesar que nos empezamos a poner algo cachondos los dos. Además, no dejamos de tontear en todo momento. Era inevitable que, llegados hasta cierto punto, tuviéramos que olvidarnos de todo y protagonizar una escena de sexo totalmente erótica y placentera.

La chispa saltó cuando él empezó a lamerme los pies con su lengua. Los recorrió de arriba abajo, provocándome una cosquillas de lo más sensuales y estimulantes. Él ya sabía que aquello me volvía loca, así que me excité tanto que no pude controlarme y me lancé sobre él en un ataque de pasión. Le besé bajo el sol de nuestro patio y noté al momento que se estaba empalmando en ese mismo momento. Sabíamos que era algo peligroso practicar sexo al aire libre, ya que estábamos expuestos a que cualquiera de nuestros vecinos nos pillara in-fraganti en plena faena. Sin embargo, decidimos lanzarnos a la aventura y protagonizar un momento erótico de lo más excitante.

Como ya estábamos desnudos, empezamos a follar inmediatamente. Yo me abrí de piernas y dejé que él me clavara su polla hasta el fondo. Una oleada de placer inundó mi cuerpo, haciéndome estremecer ante tal sensación tan estimulante. Tan cachonda estaba que tenía el coño completamente lubricado, de manera que él me penetraba con una facilidad increíble. Nuestros cuerpos resbalaban al entrar en contacto debido al sudor que nos provocaba el sol. Era un momento tan caliente que no tuvimos otra salida que acabar avivando el deseo y protagonizar una escena de sexo de lo más excitante.

Yo rodeé su cintura con mis piernas haciendo que empujara con más fuerza si cabe. No podíamos parar de gemir en todo momento, y sólo ahogábamos nuestros alaridos animales cuando juntábamos nuestros labios y nos besábamos con locura. Estábamos al límite, y era cuestión de minutos que alcanzáramos el placer máximo el uno junto al otro. Efectivamente, al poco rato yo me retorcí de placer cuando experimenté uno de los mejores orgasmos de mi vida. Me sobrevino de manera tan intensa que cubrió todo mi cuerpo de placer como una ola inunda las rocas en el mar. Todo mi cuerpo se estremeció ante la excitación que estaba experimentando en estos momentos.

Mi chico se dio cuenta enseguida, y verme disfrutar de esa manera le puso tan cachondo que no pudo evitarlo y se corrió ipso facto, llenándome con su semen todo mi coñito sediento de aquel fluido blanco y espeso. Fue una auténtica delicia notarte dentro de mí y logar que alcanzaras aquel estado de nirvana a mi lado. Sin duda, lo que menos nos importaba era haber tomado el sol o no. Lo importante es que habíamos echado uno de los mejores polvos de nuestra vida.

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