Parece mentira que yo, una chica mona pero de lo más normal del mundo, acabara acostándome con el fontanero que vino a mi casa arreglarme las tuberías. Parece irónico, lo sé. El caso es que como si de una verdadera peli porno se tratase, acabé convirtiéndome en la protagonista de mi propia escena sexual. Toda una profesional del sexo que no tenía nada que envidiar a las actrices porno del género. Nunca podía imaginar que estas cosas pasaban en la vida real, el hecho de acabar acostándote con un completo desconocido que acude a tu casa a realizarte un servicio. Pues vaya si me hizo un servicio, de los mejores de toda mi vida.

Pero empezaré a explicaros el encuentro sexual desde el principio y con todo lujo de detalles, no os preocupéis. Resulta que mientras estaba fregando los platos, y al tratar de cerrar el grifo del agua caliente, me quedé literalmente con el grifo en la mano y un chorro de agua caliente apuntándome a la cara. Quedé totalmente empapada de arriba abajo. Tanto, que la camiseta que llevaba quedó húmeda y pegada a mi piel. Parecía una participante de esos concursos de Miss Camiseta Mojada. Asustada, cogí el teléfono y llamé a un servicio de fontanería de urgencia que viniera inmediatamente a arreglarme aquel desaguisado.

Con el susto y entre unas cosas y otras, se me olvidó cambiarme la ropa empapada que llevaba puesta. Pues resulta que el fontanero llegó antes de lo esperado, así que le abrí la puerta y le recibí marcando los pezones de mis tetas sobre la camiseta apretada a más no poder. Como es lógico, lo primero que miró fue mis peras, para luego levantar la vista y mirarme a los ojos con una sonrisa traviesa. Yo la verdad es que no le di mucha importancia a aquel gesto, porque en aquel momento lo único que pretendía era que aquel hombre resolviera el problema poniéndole solución de inmediato.

He de decir que el chico arregló la incidencia en un santiamén. Al parecer, únicamente con apretar una tuerca y cambiar una parte de la tubería fue más que suficiente. Aquello me dejó mucho más tranquila y relajada, a lo que él ya se incorporó y empezó a recoger sus cosas. Eso sí, no me quitaba el ojo de encima en ningún momento. Me miraba con una cara de vicio y deseo que me parecía totalmente sugerente. Lo cierto es que ahora que mis problemas se habían ido, ya empezaba a ver aquel chico como todo un hombre, y no simplemente como un trabajador. Sin ningún tipo de pudor, se acercó hasta mí y colocó su cara muy cerca de la mía. Aquella situación no era normal, pero he de reconocer que me excitó muchísimo sentir su respiración tan cerca de mi boca. Sin ningún tipo de vergüenza, me preguntó si quería que se fuera o prefería que se quedara un ratito más. Sorprendida en un principio, no tardé en contestarle que no me importaba si quería estar un rato más conmigo.

Continuará…

Comentarios cachondos

¿Qué te parece el video? ¿Te va la marcha?

1 Comentario