interracial exotico relato erotico

Nos conocimos casi por casualidad cuando coincidimos en la terminal del aeropuerto mientras esperábamos para recoger nuestro equipaje. En la cinta transportadora cruzamos un par de miradas, que fueron contestadas con una sonrisa por tu parte. De modo que me armé de valor para acercarme hasta ti con la excusa de entablar conversación y poder llegar a conocerte. Tu melena rubia, tus grandes pechos y tu figura de infarto me llamaron la atención desde el minuto número uno, pero ahora que te conocía me tenías totalmente hipnotizado. Quise aprovechar la oportunidad y mostrarme tal cual para que me llegaras a conocer y tener alguna oportunidad contigo. Rápidamente conectamos, y me dijiste que no tenías aún habitación de hotel para quedarte en la ciudad. Sin ningún tipo de duda te ofrecí mi propia casa, y tú aceptaste de buen grado. Aún no me podía ni imaginar que los dos íbamos a acabar revolcándonos en mi cama mientras follábamos sin parar toda la noche.

Nada más llegar a mi apartamento, elogiaste mi buen gusto por la decoración. Al tener orígenes indios, siempre había sentido predilección por el mundo oriental. Te sugerí que te pusieras más cómoda, de modo que te quedaste en camiseta y pantalón corto. No podía apartar la mirada de tus interminables y sensuales piernas. Incluso tú te diste cuenta de mi atrevimiento, dedicándome una sonrisa como respuesta y mostrándote abierta y receptiva en todo momento. Me dije que era el momento de tener un acercamiento más íntimo contigo, así que me senté a tu lado y empecé a elogiar tu erótico cuerpo hecho para el pecado y el vicio más puro. Entonces, sin dar ninguna explicación y con unas ganas locas, nos fundimos en un abrazo mientras nos besábamos apasionadamente.

Aquel momento fue totalmente increíble. Era como vivir cien fuegos artificiales en un solo instante. Acariciar tu cuerpo y sentir tus tetas contra mi pecho era totalmente maravilloso, de modo que me recreé en todas y cada una de las partes de tu preciosa anatomía. Sin dudarlo, empezamos a quitarnos la ropa hasta quedarnos completamente desnudos. La diferencia de color de nuestras pieles contrastaba y convertía aquella escena en todo un festival para los sentidos. Nuestras culturas se unieron a través del sexo, deleitándonos y excitándonos por completo. Rápidamente me agaché hasta tu vientre y empecé a lamerte el ombligo, bajando poco a poco hasta llegar a tu coñito perfectamente depilado. Con la ayuda de mis dedos me abrí paso entre tus labios vaginales hasta mostrar el interior en todo su esplendor. Admiré la escena unos segundos, antes de hundir mi cabeza entre tus piernas y comerte el coño con un hambre voraz. Jugueteé con mi lengua en todas aquellas zonas erógenas tan íntimas, estimulándote como sólo tú te merecías. Tu sabor inundaba mi boca y mi paladar, sumiéndome en un estado de felicidad y placer absoluto. Podría haberme pasado horas haciéndote aquel cunnilingus, pero decidí que había llegado el momento de dejar el calentamiento a un lado y lanzarnos de lleno al sexo puro y duro.

Continuará…

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