ginecologa

Yo siempre había tenido la misma ginecóloga. Era una mujer ya un poco mayor y conseguía que todas sus “clientas” estuvieran siempre cómodas, sin hacer preguntas ni comentarios inoportunos. A veces me daba un poco de reparo porque es la misma mujer que se mira los coños de las mujeres de toda mi familia y los de mis amigas, pero supongo que es lo que tienen vivir en un pueblo pequeño. Es lo que hay y no hay que darles más vueltas.

Pero, algo pasó hace poco. Yendo hacia casa escuché a una chica de más o menos mi edad hablando de que había llegado una nueva ginecóloga a la zona. Pensad que mi pueblo tiene como mucho 3.000 habitantes, y si llega. Estos hechos son comentados, pues afectan a todas y cada una de las habitantes.

Me picó la curiosidad, hablaban de que era joven y experta, que había estudiado nuevas técnicas de exploración en Estados Unidos y que era capaz de detectar cualquier anomalía en cuestión de minutos.Tanto era mi curiosidad, que acabé llamando para concertar una cita. Y al cabo de un par de semanas, me presencié en su consulta.

No parecía muy simpática. Tenía el rostro un poco duro y miraba seriamente a todos quienes se ponían delante suyo, que en ese caso era yo misma. Me hizo unas preguntas de cortesía para rellenar mi ficha y me hizo desnudar al momento. Así pues, me lo quité todo y me puse esa batita tan incómoda que va con la apertura delantera.

Me acomodé y al poco me introdujo uno de esos instrumentos fríos de metal dentro del coño. Fue un poco brusca, sin avisar ni nada (¡nada que ver con la buena mujer anterior!) pero me gustó bastante. Iba a lo que iba y no se andaba con tonterías. No pude evitar ponerme un poco cachonda, y eso que no soy lesbiana… lo que pasa es que a mi esta seriedad me pone bastante y ella parecía ser una especialista.

Obviamente vió como mojaba, pero no hizo comentario alguno. Luego llegó la parte innovadora, y es que me dijo que también haríamos una exploración anal y me hizo ponerme a cuatro patas con el culo un poco en pompa. En un santiamén cogió un instrumento frió y delagado y me lo introdujo por el ojete. No pude reprimir un gemido, y me arrepentí en seguida. Pero claro, ¿que podía hacer? la situación me estaba desbordando y empezaba a tener mucho calor y a sudar.

Ella allí ya no pudo aguantar más su tesón serio y oí como se le escapaba una risita tímida. Yo me apresuré a pedir perdón pero ella me dijo que no pasaba nada, que era normal, que se tocan muchas fibras sensibles y que estas cosas no pueden evitarse. Y luego me advirtió y me dijo que me controlara, que ahora venía “la mejor parte”. Se puso unos guantes y noté su dedo entrando poco a poco en mi agujero del culo. Lo hizo suavemente para no dañarme, pero yo me estremecí otra vez. Incluso noté que mi coño se excitaba más y seguramente estaba incluso medio goteando.

Y ella lo notó, vamos si lo notó. Y en vez de pararlo y dejar que todo quedase en una anécdota pequeña, se lo tomó como algo personal y me introdujo, a la vez, otro dedo en el coño.

Y ya os podéis imaginar la escena: yo con el culo en pompa, la ginecóloga con un dedo en cada agujero y de mi boca iban saliendo gemidos cada dos por tres. No podía frenarla porque no quería, pero a la vez me moría de vergüenza.

Duró unos minutos hasta que me fundí en un tremendo orgasmo. Ella separó la mano de mi cuerpo de una forma muy natural, se quitó los guantes y se sentó en la mesa para realizar el informe. Apenas me miró, solo dijo que estaba perfectamente y que me esperaba en la revisión anual del año siguiente.

Yo no sé si lo hace con todas, pero ahora creo que ya entiendo porque hablan tanto de ella y de sus métodos

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