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Justo cuando mi compañero policía y yo estábamos sumidos en plena vorágine sexual, apareció frente a nosotros nuestro superior directo, el comisario de la jefatura. Al principio nos quedamos paralizados, pero mayor sorpresa fue cuando detrás de él apareció su secretaria. Aquellas dos personas nos habían pillado en medio de nuestra pasión, y sentimos miedo al pensar que nuestro empleo colgaba de un hilo. Sin embargo, para sorpresa nuestra vimos que en la cara de ambos se dibujaba una sonrisa pícara de complicidad. Se miraron a la cara y nos preguntaron para asombro de nosotros que si se podían unir a la fiesta.

Nosotros nos relajamos instantáneamente y les dijimos que nos parecía genial que gozáramos los cuatro de una sesión de sexo en grupo. Así que les desnudamos inmediatamente y nos organizamos para sentir el máximo placer posible y que nadie se quedara fuera de esta pequeña orgía sexual. Yo sentía mucha curiosidad por enrollarme con una chica, así que acaricié los pechos de la secretaria y jugué con sus pezones entre mis dedos. Aquello puso tremendamente cachondos a los dos hombres del grupo, que nos empezaron a penetrar salvajemente por detrás. Los dos nos agarraron fuertemente de nuestros culos y empezaron a petarnos el coño sin piedad alguna.

Mientras ellos nos follaban, ella y yo nos besábamos apasionadamente y nos acariciábamos las tetas sin parar. Era una auténtica pasada disfrutar del sexo de aquella forma totalmente nueva para mí. Estaba recibiendo estímulos y caricias por todas las partes de mi cuerpo y de diferentes personas. Todo el mundo tenía su papel asignado y lo ejecutaba a la perfección. Me sentía una parte fundamental de un todo, un conjunto de cuerpos desnudos entregados al placer y el vicio más absoluto. Sólo con saber que estaba formando parte de todo aquello, me ponía cachondísima.

De repente, tanto la secretaria como yo nos inundó un sentimiento de placer máximo que sacudió nuestros cuerpos al mismo tiempo. Sin duda, acabábamos de experimentar un orgasmo simultáneo que elevó nuestros sentidos hasta límites insospechados. Era como si estuviéramos flotando en una nube a toda velocidad y sin descanso alguno. Tanto mi compañero como mi jefe se dieron cuenta de nuestro orgasmo, así que aceleraron el ritmo y no tardaron en correrse de forma explosiva en nuestro coñitos calientes. Sus gemidos y gritos de pasión se mezclaban con nuestras respiraciones entrecortadas, creando así una escena erótica de lo más excitante para cualquiera que nos pudiera ver en ese momento.

Tras el polvo, nos fuimos incorporando poco a poco y nos dirigimos uno a uno hasta las duchas. Habíamos sudado tanto que era necesario limpiar nuestros cuerpos tras tanta pasión vivida. Nos lanzamos miradas de complicidad que venían a decir que ninguno de nosotros se había arrepentido de lo que acabábamos de hacer. Miradas que se buscaban entre ellas y querían repetir la experiencia en cuanto nos fuera posible. Así que nos despedimos a la espera de una nueva aventura sexual en conjunto.

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