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Sofía era una de esas mujeres a las que su edad no las representaba en absoluto. A sus más de 50 años, aún tenía un cuerpo perfecto, unas tetas grandes y bien turgentes, y un culito hecho para el pecado más absoluto. Siempre había sido la envidia de todas las mujeres de su edad. Sus compañeras de trabajo envidiaban su aspecto físico y lo abierta que era en cuanto a temas sexuales. Pero eso a Sofía le daba igual. Lo único que a ella le importaba era disfrutar de la vida y practicar sexo todo lo que pudiera y más. A su edad estaba por encima de los comentarios de sus compañeras, y le daba absolutamente igual lo que los demás pudieran pensar de ella. Como no tenía ningún tipo de pudor, era capaz de desinhibirse de manera total en la cama y practicar el sexo más loco y salvaje posible.

Además, hay que añadir que a Sofía le volvían loca los jovencitos. Ella es toda una MILF dispuesta a cazar a los muchachos jóvenes más guapos y atractivos de toda la ciudad, y no descansaba hasta demostrarles todas sus armas de seducción y llevárselos hasta su cama. Ella disfrutaba como una perra en celo, pero ellos alcanzaban el orgasmo más maravilloso de sus vidas en manos de esta profesora del sexo sin rival. Por eso, aquella misma noche Sofía estaba dispuesta a compartir de nuevo sus habilidades sexuales con el primer chico que se le acercara y estuviera dispuesto a follar con ella.

No pasaron ni 15 minutos, cuando se le acercó un muchacho muy salido que quería follar a saco aquella misma noche. Ella no se hizo mucho de rogar, así que entre tonteos y besos, acabaron metiéndose mano en el taxi de camino a casa de Sofía. Una vez en su domicilio, ella se desnudó en tan sólo un segundo y se preparó para hacerle una mamada en condiciones a aquel afortunado. Nada más meterse aquel pollón en la boca, él empezó a gemir del placer que le estaba proporcionando aquella mujer. Las tetas de ella se tambaleaban cada vez que se tragaba la polla del muchacho hasta el fondo, y él aprovechaba para bajar sus dedos y pellizcarle los pezones, sumiéndose así mutuamente en un estado de placer absoluto.

De repente, Sofía se volvió a incorporar y decidió poner fin de una vez al cosquilleo que sentía en el interior de su coño. De modo que con un gesto decidido se tumbó sobre la cama y se abrió de piernas todo lo que pudo. Su chochito caliente se abrió y dejó al descubierto todo su interior. El jovencito se volvió loco al ver aquel espectáculo frente a sus ojos, y sin tener que dar ningún tipo de explicación le clavó su polla hasta el fondo. Se la estaba follando con unas ganas locas, y con cada embestida las tetas de Sofía se tambaleaban como si estuvieran hechas de gelatina. Ambos gemían y gritaban de placer, dotando a la escena de un toque extra de excitación.

Continuará…

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