madurita coño abierto parte 2 relato erotico

Ahí estábamos los dos, sumidos en una espiral de vicio y de deseo que parecía no tener fin. Apenas habíamos empezado con los juegos sexuales previos, pero ya estábamos totalmente cachondos y listos para follar sin parar durante toda la noche. Puede que yo fuera algo mayor para él, pero la experiencia sexual que tenía no la iba a encontrar en ninguna otra chica de su edad. Me había convertido en toda una fiera en la cama dispuesta a hacer de todo a cambio del placer más intenso y placentero que existe. No me cabía ninguna duda de que conmigo, aquel chico iba a disfrutar más que en toda su vida.

No podíamos esperar más a empezar a practicar la penetración pura y dura. Por eso, me abrí de piernas todo lo que pude y dejé que aquel jovencito me clavara su polla vigorosa y llena de pasión y de vida. Su cuerpo atlético se movía con una precisión extraordinaria, estimulando mi coñito con cada embestida que me metía. Me estaba follando con tantas ganas que toda la cama vibraba de placer, tambaleándose y acompañando sus movimientos con el ritmo de aquel semental. Estábamos totalmente entregados a la pasión y todo lo que nos rodeaba nos era totalmente indiferente. Lo único que nos importaba era gozar al máximo de aquel momento tan caliente y excitante para ambos.

Como sabía que tenía el poder de impresionar a aquel joven con mis habilidades sexuales, decidí probar algo nuevo que le iba a sorprender y a gustar a partes iguales. Pensé que sería buena idea hacerle el helicóptero, que no era otra cosa que girar mi cuerpo mientras seguíamos follando sin parar. De este modo, acabaría de espaldas a él mientras seguiría sintiendo su polla penetrándome en todo momento. Así que me puse manos a la obra, girando lentamente y proporcionándole un placer indescriptible con cada ligero movimiento que hacía. Aquel tío parecía estar a punto de correrse en cualquier momento, y yo me entregué al 100% para conseguir que se excitara como solo él se merecía.

Finalmente di la vuelta entera y me volvía colocar frente a él. Nuestras miradas se cruzaban mientras nuestras bocas se buscaron hasta encontrarse. Miles de besos surgían de nuestras bocas, haciendo que nuestras lenguas se lamieran con un ansia enfermiza. Era obvio que los dos estábamos a punto de corrernos, y no queríamos dejar de besarnos para dotar así a la situación de un grado de excitación extra. Desde luego, la atracción que sentíamos el uno hacia el otro era totalmente innegable.

Llegó el momento el que yo empecé a enlazar un orgasmo detrás de otro, cada uno más intenso que el anterior. Mientras chillaba y me retorcía como una perra, el seguía bombeando hasta que, finalmente, se corrió dentro de mi coñito y me llenó con toda su leche joven y caliente. Fue como una corriente de vitalidad que me inundó de arriba abajo, haciéndome estremecer de placer y sacudiéndome todos los músculos de mi cuerpo, experimenté un éxtasis que no se puede describir con palabras.

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