famosa

Cada día veía a la famosa en televisión. No es que la tía fuera guapa, no, es que lo suyo era perfección pura. Tenía un morbazo alucinante y yo me tenía que limitar a verla en pantalla, quedándome con las ganas de follarla día tras día. Pero un día eso cambió, aún no entiendo bien como llegó a pasar, pero pasó. Desde entonces sueño con esa tarde día tras día…

La playa, la chica famosa y yo

Estaba yo veraneando como cada verano en las playas andaluzas cuando de golpe la ví. Yo iba con unos amigos y no dije nada, pero estoy seguro que nos cruzamos las miradas durante unos segundos. Iba bastante de incógnito, claro, si supieran que estaba allí miles de paparazzis hubieran venido a sacar la exclusiva para venderla en cualquier revista de corazón. Pero no: no daba el cante. Llevaba una gorra y unas gafas de sol muy discretas. El bikini era súper pequeño y casi que se le salía el coño de allí, por no decir los pechos, que de tan redondos y grandes prácticamente no se veía nada más. Pensé que le hubiera quedado muy bien hacer top-less, pero bueno, supongo que no quería llamar más la atención.

Casi pasada la hora de merendar, mis amigos fueron tirando para sus respectivas casas. Yo quería merendar también, pero me apetecía otro tipo de alimento, y mi polla estaba demasiado dura ya como para ponerme a comer con mis amigos en casa de cualquiera de ellos. Usé, pues, la excusa de quedarme un rato más para darme unos últimos baños y aproveché la soledad para acercarme hasta donde estaba ELLA.

Con la llegada de la tarde la gente se había ido yendo hacia sus casas y ya no eramos tantos los que quedábamos en la playa. Cuando la ví me excité un montón: no sólo aún estaba allí sino que además estaba completamente sola. Su pareja debía haber ido ya para casa y estaba sola con su toalla y su mini bikini.

Decidido, me fui a bañar por la zona de delante suyo. Procuré no mirarla demasiado pero supongo que no podía disimular. Volvimos a intercambiar miradas y esta vez fue ella la que se levantó para venir hacia donde estaba yo. Antes, pero, hizo algo que me dejo muerto: se sacó la parte de arriba del bañador dejando esos fantásticos globos al aire. Y bueno, parecía que se venía al mar, pero cambió de idea y me miró fijamente para decirme que me acercara a ella, que necesitaba a alguien que le pusiera crema en la espalda.

Yo no quise salir (¡mi pantalón me hubiera delatado!) y ella lo pilló enseguida. Al cabo de pocos minutos ya estaba junto a mí bajo las olas y aprentándome duramente la polla. ¡Que sensación! Lo hicimos allí mismo, noté como se quitaba la parte de abajo del bikini y me bajaba a mí también el pantalón-bañador. Fue demasiado, en pocos minutos la sentí dentro, menudo polvazo y menudo placer!

Pero tal como llegó, se fue. Os podéis imaginar: me corrí súper rápido de la emoción, oí su risita y la ví alejarse otra vez hacia su toalla. Yo me quedé un rato más dentro del mar, pero la vi alejarse poco a poco… y nunca más nos encontramos de nuevo. Desde entonces, me hago una paja cada vez que empieza su programa mientras recuerdo esa tarde en la playa!

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