Siempre recordaré aquel polvo como uno de los mejores de toda mi vida. Era una tarde calurosa de julio en la que ni siquiera tenía previsto follar con nadie. Por curiosidad, me abrí una cuenta en una de estas aplicaciones para el móvil con la que puedes ligar con chicas y tener una cita con ellas. Rápidamente empecé a hablar con una belleza descomunal que me llamó la atención desde el minuto número uno. Tenía unos ojos preciosos, una sonrisa cautivadora y un buen par de tetas que me volvieron loco. Empezamos e enviarnos fotografías subidas de tono. Yo le mandé una foto sin camiseta, a lo que ella me respondió con una suya en la que mostraba su tremenda delantera. Ahí sí que me volví loco, así que me armé de valor y le propuse quedar ya mismo para conocernos y llegar a intimar. Para mi sorpresa, ella me dio el “sí” sin apenas dudarlo. De modo que me apunté su dirección, me vestí y salí corriendo a encontrarme con ella.

Nada más cruzar el umbral de su puerta, me sorprendió que aquella chica estaba aún más buena en persona que en las fotos que había visto de ella. Llevaba una camiseta bien ceñida que estilizaba su cuerpo y realzaba sus pechotes. Me preguntó si quería tomar algo, pero rechacé la proposición porque no quería que tardáramos mucho en empezar a follar. Quería acostarme con ella ya mismo, así que me acerqué a ella y sin mediar una palabra más, nos empezamos a enrollar a saco. De repente, toda la pasión acumulada explotó por todos lados. Nuestras manos trabajaban a todo trapo, quitándonos la ropa hasta quedarnos completamente desnudos. Nos abrazamos hasta casi fundir nuestros cuerpos, sintiendo el calor del otro y frotando mi polla con su monte de venus. Era obvio que estaba ansioso por penetrar a aquella mujer espectacular, pero ella me propuso que en vez de empezar con el folleteo puro y duro, estaría bien que nos hiciéramos un 69 la mar de erótico y excitante.

Por supuesto, yo acepté de buen grado. Así que nos tumbamos sobre el sofá de su casa, ella en una dirección y yo en la otra. Ahora ella tenía mi polla muy cerca de su boca, así que no se lo pensó dos veces y empezó a chupármela con una técnica asombrosa que me hizo enloquecer de placer. Manejaba su lengua con total maestría, haciendo que oleadas de placer inundaran mi cuerpo de arriba abajo y consiguieran excitarme como nunca antes. Tras recuperar la conciencia, me di cuenta que yo también tenía que hacer mi trabajo. Así que hundí mi boca en su coñito dulce y suave y puse mi lengua a trabajar. Me esforcé como nunca antes, excitando con la punta de mi lengua su clítoris y labios vaginales. Con la ayuda de mis dedos, le abrí el coño para poder así llegar los más hondo posible y penetrarla literalmente con mi lengua.

Continuará…

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