Estaba yo con mi amigo el Jonah en el parque del barrio cuando de repente pasó por delante de nosotros una vecina rubia y con unas peras enormes que nos traía locos desde hacía ya varios años. Siempre habíamos intentado tirarle la caña a saco a loa mínima oportunidad, pero ella no nos hacía mucho caso y nos vacilaba sin entrar mucho en el juego. Sin embargo aquel día la cosa cambió, y mientras yo le hacía gestos para que se acercara y pasara un rato con nosotros, ella en vez de girarnos la cara se paró en seco y vino derecha hasta nosotros. Tanto mi amigo como yo nos quedamos flipando y algo parados, sin saber muy bien qué hacer. Por vez primera aquella diosa sexual se estaba dirigiendo a nosotros y nos estaba siguiendo el rollo. Finalmente me armé de valor y le propuse que subiera con nosotros hasta mi cama mientras le enseñábamos a jugar a médicos y enfermeras. Para nuestra sorpresa, ella aceptó y nos dijo que se venía con nosotros.

Yo estaba absolutamente emocionado y no me podía creer que finalmente íbamos a acabar follando mi amigo y yo con aquella tía buena. Hacer un trío siempre me había parecido una idea fascinante, y ahora por fin lo iba a probar en primera persona. No sabíamos ni su nombre, pero estábamos convencidos de que la follada que nos íbamos a pegar sería épica. Nada más entrar en casa, ella se mostró totalmente abierta y decidida. Tomó la iniciativa y empezó a quitarnos la ropa y a frotarse entre nosotros. Uno a cada lado, frotábamos nuestras pollas por encima de los calzoncillos sobre su cuerpo mientras ella sonreía y se dejaba hacer con una cara de viciosa total.

Poco a poco, nos fuimos animando y empalmando gracias al sensual cuerpo de aquella chica. En realidad era una completa desconocida, pero la de veces que nos habíamos hecho pajas pensando en ella. Era como si nuestros sueños más húmedos se convirtieran en realidad y pudiéramos compartir a aquella belleza entre los dos. Ella, decidida, nos bajó los calzoncillos y empezó a comernos la polla con unas ganas locas. Cuando terminaba con una, se lanzaba a por la otra con un hambre voraz. Nos la estaba mamando a base de bien, y mientras uno disfrutaba de sus suaves labios, el otro se pajeaba y le daba golpes en la cara con el rabo, como reclamando su atención.

Llegó el momento en el que ella nos reclamaba algo más de acción y pensábamos dar todo de nosotros para dejarla bien satisfecha. Así que le propusimos tumbarnos en la cama y follarla por todos los agujeros de su cuerpo. A ella se le iluminó la cara con nuestras palabras, de modo que no hizo falta nada más para decidirnos a gozar del sexo en toda su plenitud. Ya en horizontal, únicamente nos quedaba decidir quién le iba a follar el coño y quién se la iba a clavar por detrás. Una vez organizados, nos pusimos manos a la obra sin prisa pero sin pausa.

Continuará…

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