Mi colega y yo estábamos a puntito de petarle el coño a nuestra vecina y llevábamos una motivación encima que no podíamos con ella. Cachondos perdidos, no pudimos resistirnos a los encantos de aquella chica despampanante, y en cuestión de minutos nos vimos listos para la acción sexual más excitante y divertida. Los juegos previos fueron lo más, calentándonos en todo momentos para que estuviéramos a tono para lo que estaba por venir. Se notaba que aquella guarrilla tenía unas ganas de polla que no podía con ellas, y si encima le servíamos un 2 por 1, mejor que mejor.

Parecía que no sabíamos muy bien por dónde empezar, como si estuviésemos algo perdido ante tantas posibilidades de sexo que se nos ofrecían. Cientos de posturas y de prácticas se cruzaban por nuestras mentes calenturientas y todas nos gustaban por igual. Finalmente ella tuvo que dar el paso y ofrecernos una doble penetración, cosa que a nosotros nos encantó. Básicamente, mientras uno de iba a follar el chocho, el otra se la clavaría por el culo hasta hacerla reventar de placer. Sonaba estupendamente, así que no tuvo que esforzarse en convencernos porque le dimos un sí a la primera de cambio.

Tras encontrar una posición cómoda y confortable para los tres, empezamos a darle al folleteo puro y duro. Mi colega se tumbó boca arriba sobre el sofá de aquella diosa del sexo, mientras ella cabalgaba sobre su cintura como una verdadera ninfómana. Yo, por mi parte, estaba detrás metiéndole el rabo por el culito prieto y sediento de leche. Nunca antes me había follado a una mujer por detrás, y la verdad es que la experiencia es indescriptible. Aquel agujero tan cerradito era una verdadera ventaja a todos los niveles, os lo puedo asegurar. Mi polla se frotaba contra su culito con un placer máximo e intenso a más no poder.

Por fin le cogimos el truquillo al asunto y sincronizamos nuestras embestidas de modo que ella siempre tuviera una polla dentro de su pequeño y sensual cuerpo hecho para el vicio y el pecado. Cuando ella estuvo completamente dilatada, se la metíamos hasta el fondo y sentíamos un erotismo que nunca antes habíamos experimentado en todas las prácticas sexuales anteriores. En más de una ocasión tuve que controlarme para no acabar corriéndome dentro de aquel precioso culito y dar así por finalizada la experiencia porno más alucinante de toda mi vida.

Ella gemía y se retorcía de placer con cada sacudida que le metíamos. Sus tetas saltaban y botaban como locas con tanto trajín que nos traíamos. Sentíamos como si fuésemos los protagonistas de una escena porno y sabíamos que estábamos actuando como verdaderos profesionales de la industria. Cualquiera que nos viera en aquel momento se hubiera excitado sobremanera, no me cabe la menor duda. Aún y así, finalmente no pude aguantar toda mi pasión descontrolada y terminé corriéndome dentro de aquel bellezón sin apenas avisarle. A ella le pareció dar igual. Es más, se notaba que estaba gozando como una perra en celo cuando mi amigo también se corrió y ella vivió un orgasmo que nos hizo estremecer de placer al unísono.

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