orgasmo con squirting relato erotico

Yo ya sabía que pese a ser mujer, al correrme era capaz de eyacular de manera abundante a través de mi propio coño. En el momento de alcanzar el orgasmo femenino, mi vagina se convertía en un aspersor que soltaba una cantidad de flujo alucinante. Los hombres siempre quedaban encantados ante tal muestra de placer, ya que a la mayoría de ellos les encanta ver cómo una mujer es capaz de correrse delante de sus narices. Por eso mismo tenía tanto éxito y era conocida por todas mis conquistas como una mujer apasionada que no sentía vergüenza alguna por correrse al practicar el sexo más apasionado y loco posible.

Justo en este momento me disponía a acostarme con un chico y demostrarle así mis dotes sexuales. Nos quedamos desnudos el uno frente al otro y empezamos a enrollarnos como si nos fuera la vida en ello. Ambos teníamos unas ganas locas por follar, y eso se notaba en la pasión que demostrábamos el uno hacia el otro. Nuestros cuerpos sudorosos se reclamaban mutuamente en busca de caricias y besos prohibidos. En aquel momento los únicos que importábamos éramos él y yo, y el resto del mundo nos daba absolutamente igual.

Decidí que ya habíamos tenido suficientes juegos preliminares y me tumbé boca arriba en la cama y con las piernas abiertas, como diciendo que era el momento de que me follaras cómo sólo tú podías follarme. Puede que tú hubieras oído comentarios sobre mí, pero yo había oído que tú eras toda una máquina sexual en la cama. Afortunadamente, todos los rumores eran ciertos. Nada más abrirme de piernas, me clavaste tu polla dura hasta el fondo y me hiciste ver las estrellas del placer que me provocaste. Bombeabas sin parar, moviendo tu cintura de manera precisa y elevándome al séptimo cielo con cada follada que me pegabas. Se notaba que sabías muy bien lo que hacías, y yo disfrutaba como una perra de aquel polvo tan maravilloso.

Yo no podía parar de gemir, y cuanto más gritaba, tú más ganas le ponías al asunto. Estábamos protagonizando una escena de cama realmente caliente, y por nada del mundo hubiéramos parado de follar. Estábamos tan cachondos que nuestros cuerpos ardían de la pasión que sentíamos el uno hacia el otro. El sudor se mezclaba con nuestra saliva con cada lametazo que nos pegábamos. Yo te comía la boca y tú te escapabas hasta mis tetas para chuparlas y hundir tu cabeza en ellas. Te volvías loco si yo te apretaba la cara contra ellas y notabas así mis pezones clavándose en tu bello rostro. Era un círculo vicioso del que no queríamos escapar para nada en absoluto.

Finalmente me sobrevino un orgasmo tremendamente intenso, como pocos he experimentado a lo largo de mi vida. Por supuesto, con la excitación vino el habitual squirting. Eché tal chorro de flujo transparente a través de mi vagina que inundó toda la cama y te dejó la polla chorreando. Aquello te puso loquísimo y no pudiste evitar correrte en ese mismo momento. Tu semen y mi flujo se mezclaban en uno solo mientras los dos gemíamos de placer y experimentábamos el placer más intenso que el ser humano puede sentir.

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