orgias

Tras el pudor inicial, por fin estábamos todas listas para vivir un momento de orgía sexual único e inigualable. Para muchas de nosotras esta era la primera vez que practicábamos el sexo en grupo, y teníamos una mezcla de excitación y temor que nos ponía aún más cachondas de lo habitual. Sin embargo, poco a poco fuimos perdiendo la vergüenza y llegó un momento en el que nos encontrábamos todas la mar de cómodas y seguras de nosotras mismas. Nadie nos podía detener a la hora de follar entre nosotras a saco y sin ningún tipo de remordimiento al respecto.

Ya desnudas, nuestros dedos recorrían los coñitos húmedos y calientes de nuestras compañeras. Éramos tan hábiles con nuestras manos que conseguíamos arrancar momentos de placer inigualables al resto de chicas que se encontraban desnudas en la misma habitación. Una de ellas empezó a usar su lengua y regalaba cunnilingus a dos chicas cercanas a ella. Yo también quise que aquella completa desconocida me comiera el coño bien comido y de arriba abajo, así que me acerqué a ella y dejé que hundiera su cabeza entre mis piernas. Una oleada de placer inundó mi cuerpo y me hizo vibrar de placer desde el minuto número uno. Además, al mismo tiempo que ella me dedicaba aquel trabajito oral, otra chica se puso a juguetear con mis tetas y me besaba apasionadamente en la boca. Vamos, toda una bacanal de vicio y desenfreno en la que yo era la máxima protagonista.

Aún y así, no quise dejar pasar la oportunidad de provocar placer a todas y cada una de aquellas zorritas. Por eso, yo también realicé cunnilingus sin parar a todas aquellas tías macizas que me rodeaban. Podía notar el sabor de sus coñitos en mi propia lengua. Saboreaba sus flujos vaginales y me excitaba oyéndolas gemir de placer sin parar. Sólo con escuchar sus gritos de placer, conseguían ponerme el pelo de punta. Decidí masturbarme mientras regalaba aquellos momentos de sexo oral, así que con la punta de mis dedos fui abriéndome camino a través de mi coño hasta encontrar mi punto G y masajear mi clítoris sin prisa pero sin pausa. De este modo,  conseguí alcanzar varios orgasmos vaginales que enlacé uno con otro. El placer obtenido con cada uno de ellos iba en aumento, así que continuamos con nuestros juegos lésbicos hasta conseguir el éxtasis absoluto.

No quería que ninguna de aquellas putitas se quedara sin su orgasmo, así que me entregué en cuerpo y alma en estimularlas como es debido y ver como sus músculos se tensaban, sus chochitos se estremecían y sus espaldas se arqueaban mientras experimentaban en su propio cuerpo el mismo placer que yo venía sintiendo una vez detrás de otra. Finalmente, llegó un punto el que yo también estaba exhausta de tanto vicio y sexo sin medida, así que me dejé llevar en una de las masturbaciones y por fin alcancé el más grande de los clímax.

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