Ya nos habías desecho de la vergüenza y pudor inicial, por lo que nada ni nadie nos podría frenar en la pasión y sexo que estábamos a punto de experimentar. En el mismo momento en el que cruzamos el umbral de la puerta, ella se me tiró al cuello hasta mordérmelo y lamérmelo de arriba abajo. Se me puso la piel de gallina con aquella muestra de afecto tan sensual y excitante. La verdad es que yo no quería cortar el clímax que estábamos consiguiendo, pero no pude evitar preguntarle de nuevo por su novio. Sabía que si él se llegaba a enterar de que ella y yo habíamos follado juntos, sería hombre muerto. Tras mi pregunta, ella me confesó que le ponía extremadamente caliente el hecho de ponerle los cuernos a alguien tan celoso como su novio. Fantaseaba con la idea de que nos pillara en plena faena y demostrara toda su furia y deseo animal. Decidí que prefería no seguir preguntando y dedicarme única y exclusivamente a disfrutar de aquel polvo.

Poco a poco la fui desnudando y acariciando su cuerpo con la punta de mis dedos. Tenía una piel suave y caliente, como si todo su cuerpo me pidiera a gritos que le ofreciera sexo aquí y ahora. No obstante, no quería precipitarme y me propuse disfrutar al cien por cien de cada segundo de aquella experiencia. No todos los días uno estaba a punto de acostarse con un verdadero pibón, así que quería agudizar todos mis sentidos y recordar aquel momento para siempre. Lentamente fui acercando mis manos a sus pechos hasta rozar sus pezones con la punta de mis dedos. Ella se estremeció por el ligero y suave placer que suponía el contacto de mis dedos en aquella zona tan erógena y sensible de su cuerpo.

Le cogí una teta con mi mano y empecé a lamerla por completo. Mientras, con mi otra mano me fui abriendo paso hasta llegar a su chochito y meterle el dedo índice en todo el coño. Noté todo el calor y la humedad de aquella zona tan íntima y personal. La verdad es que he de confesar que me puse algo cachondo cuando pensé que estaba tocando una zona prohibida para mí, puesto que ella tenía novio. Si él me viera ahora mismo, entraría en cólera de inmediato. Aquello me provocó una erección tremenda, como si el hecho de estar haciendo algo prohibido fuera un añadido a la excitación presente en el momento.

De repente agarré a aquella viciosilla por detrás, apreté mis manos contra su culo y la cogí en brazos para llevarla derechita a mi cama. Iba a darme una hora de sexo que como se pusiera a compararme con su novio, estaba claro que le dejaba plantado y se largaba conmigo para el resto de nuestras vidas. Iba a dedicarme en cuerpo y alma a hacerla disfrutar a lo grande y dejarle un buen sabor de boca de nuestro encuentro sexual furtivo.

Continuará…

Comentarios cachondos

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1 Comentario
  • Saul hace 3 meses

    Por cuanto lo das