quitame el tanga y follame relato erotico

No podía quitarme de la cabeza tu cuerpo sexy y atlético. Eras como una máquina de folllar andante, dispuesto a acostarse con cualquier chica que se te cruzara por delante. Afortunadamente conseguí que te fijaras en mí, así que tras esta primera toma de contacto decidí utilizar todas mis armas de seducción y mostrar todos mis encantos, para que de este modo acabáramos los dos en la cama. Siempre había conseguido a cualquier tío que me propusiera, y tú no ibas a ser menos. Sabía que con un poco de tonteo, conseguiría llevarte al huerto en menos de lo que canta un gallo. Pues dicho y hecho. Tras unos minutos de roneo, accediste a subir a mi habitación y disfrutar juntos del sexo más apasionado y loco que hayas podido experimentar jamás.

Nada más cruzar la puerta, nos desnudamos apresuradamente, ya que cada minuto que no estuviéramos gozando del sexo iba a ser un minuto desaprovechado. Yo me quité todas mis prendas hasta quedarme en ropa interior. Me despojé del sujetador de un modo sugerente, al tiempo que meneaba mi cuerpo de forma acompasada y sensual. Te lo tiré a la cara para que lo olieras y aspiraras todo el aroma de mis grandes y turgentes tetas. Te pusiste tremendamente cachondo con aquel gesto tan sencillo. Noté el bulto creciente de tu entrepierna con cada movimiento de cadera que te regalaba en este striptease improvisado. Cuál fue mi sorpresa cuando, al empezar a quitarme las braguitas de encaje, me dijiste que frenara en seco. Pensé que te habías arrepentido y ya no querías acostarte conmigo, pero nada más lejos de la realidad. Me confesaste que lo que más morbo te daba en este mundo era follar con una chica que tuviera las bragas puestas. Yo sonreí como respuesta y acepté de buen grado que me penetraras apartando ligeramente mis braguitas hacia un lado, dejando sitio así para que me penetraras con tu polla descomunal.

Efectivamente, me tumbé a cuatro patas sobre la cama y aparté con mis dedos la fina tela de mis braguitas. De este modo te daba acceso total a mi chochito, para que me lo follaras a gusto y sin ningún tipo de impedimento. Tú no lo dudaste ni un segundo, y con una gran seguridad y puntería certera, me clavaste tu polla por detrás. Solté un suspiro al sentir ese gran trozo de carne caliente dentro de mí, y gemía con cada movimiento que hacías con tu pelvis. Yo me agaché un poco más, para que de este modo pudieras penetrarme más a fondo todavía. Mis tetas colgaban y se sacudían con cada embestida que me metías. Tenían un balanceo hipnótico del que no te pudiste resistir, así que continuaste follándome mientras me las agarrabas bien fuerte con ambas manos. Además jugabas con mis pezones, acariciándolos con la punta de tus dedos. No podía estar más estimulada en aquel momento, por lo que no tardaría en alcanzar el orgasmo junto a ti.

Continuará…

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