rubia follada carcel relato erotico

Como funcionara de prisiones, no me podía permitir el lujo de bajar la guardia en ningún momento. Siempre tenía que estar atenta a todo lo que hubiera a mi alrededor y tener controlada a todos los presos. Aunque no os voy a engañar: en más de una ocasión había tenido fantasías eróticas imaginándome a mí misma siendo follada por algunos de los reclusos de mi zona. Y es que para una chica tan caliente como yo era muy difícil controlar mis instintos más bajos y no lanzarme a los brazos musculosos de aquellos hombres tan faltos de sexo como yo. Siempre había sido muy obediente y nunca me había saltado las normas en ningún momento desde que había empezado a trabajar ahí. Pero está claro que las reglas están para romperlas, y yo iba a ser quien las rompiera en aquella ocasión.

Todo empezó durante un control rutinario de celdas. Me acerqué al recinto donde dormían dos de los presos más atractivos de todo el penal. Eran dos hombres fuertes y musculosos con los que no me importaría follar en absoluto. Ya me habían echado el ojo en varias ocasiones, alabando mis grandes tetas, mi culito respingón y mis curvas de infarto. Yo me mostraba impasible siempre, pero una no es de piedra y de vez en cuando ha de mostrar sus deseos a los demás. Quién me iba a decir que a los pocos minutos, ellos dos iban a estar petándome el culo y el coño al mismo tiempo.

Abrí los barrotes de su celda y les obligué a que se pusieran de espaldas a la pared. Así lo hicieron, de modo que empecé a buscar objetos que pudieran resultar peligrosos o prohibidos según el reglamento del recinto. Sin embargo, en un despiste mío, ambos se giraron y empezaron a meterme mano a saco. Yo no me resistí en ningún momento, ya que por fin estaba cumpliendo uno de mis sueños eróticos más recurrentes. Así que me dejé hacer mientras ellos me desnudaban con una mirada de deseo y pasión en sus ojos. Íbamos a formar un trío sexual alucinante, y nada ni nadie podría frenar nuestras ganas de sexo a toda costa. De modo que nos fundimos los tres en una mezcla de piel, tetas y pollas dispuestas a llegar hasta el final.

Una vez que estuve completamente desnuda, me puse a cuatro patas para hacer más fácil que me follaran por delante y por detrás al mismo tiempo. Así que mientras uno se abría paso entre mis nalgas y me la endiñaba bien fuerte por el culo, el otro se puso debajo de mí y empezó a metérmela por mi coñito caliente y húmedo. Y es que estaba tan cachonda que no podía parar de lubricar, haciendo de mi entrepierna un lugar la mar de apetecible para aquellos dos individuos. Sabía muy poco de ellos, pero el hecho de estar follando con criminales me ponía a cien y excitaba todos mis sentidos hasta límites insospechados.

Continuará…

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