relato sauna gay

Mario pagó la entrada que le daba acceso a la sauna con una sensación simultánea de temor y excitación. Hacía mucho tiempo que no tenía sexo con nadie, y llevaba días arrastrando un calentón al que tenía que poner fin de una vez por todas. Así y todo, era la primera vez que acudía a uno de estos sitios, y no tenía muy claro que es lo que se iba a encontrar ahí dentro. Sin embargo, por fin se atrevió a dar el paso y probar en primera persona el vicio sexual que se puede llegar a sentir en un sitio como este.

Nada más entrar, Mario se desnudó y se cubrió la cintura con una toalla. Quería pasearse primero para ver el material disponible, y luego quizá llegar a acostarse con alguno de los chicos que le llamaran la atención. La verdad es que le sorprendió muy gratamente todo lo que llegó a ver ahí dentro. Él se esperaba ver a un montón de hombres poco agraciados y salidos en un entorno sucio y decadente. Vamos, el típico viejo verde que tiene que acudir a estos sitios para llegar a follar con alguien. Sin embargo, lo que vio le dejó alucinado. Un montón de tíos buenos se paseaban de arriba abajo en bañador o completamente desnudos, mostrando sus penes al aire como si tal cosa. Algunos se masturbaban mirando al resto, a otros los podías ver follando intensamente y a la vista de todos, y algunos aguardaban pacientes hasta encontrar a su próxima presa e hincarle el diente.

Mario se sentó en una esquina de la sala de vapor, que en esos momentos sólo estaba ocupada por un único hombre. El misterioso chico no le había quitado el ojo de encima desde que Mario entró por la puerta. Tenía un bronceado perfecto, músculos de acero, y una suave capa de pelo le cubría su pecho fuerte y fibrado. Desde luego, era el perfil ideal para Mario, así que decidió saltar de las miraditas a la acción. Sin dirigirse la palabra, Mario se acercó al chico y le empezó a acariciar su pierna musculosa. Él respondió acercándose y besando apasionadamente a Mario, que sintió una excitación tremenda al ver lo fácil que había sido empezar la acción.

Las lenguas de los dos chicos se entrelazaban y lamían con ansia la boca de su compañero. Sus barbas morenas se rozaban, frotando sus mandíbulas con cada beso que se daban. Entonces Mario notó que el chico estaba completamente desnudo y empalmado a más no poder. Recordó que él sí que tenía una toalla cubriendo su cintura, así que se despojó de ella y dejó al descubierto toda su polla erecta y preparada para la acción.

De repente, el chico misterioso le dio la espalda y frotó su culo contra el pene erecto de Mario. Él no se pudo resistir, y empezó a frotarse contra la espalda del chico, notando todos sus músculos contra su pecho. Le agarró por la cintura hasta llegar a su enorme polla, así que empezó a masturbarle sin ningún miramiento y de forma intensa. Tan cachondo se puso Mario, que cogió un condón que le ofreció el chico desconocido, se lo puso y empezó a penetrarle estando ambos aún de pie. La sensación de estar dentro del cuerpo de aquel maromo y sentir todo su calor era algo indescriptible. Ambos jadeaban como perros con cada embestida de Mario, y notaba como su ano se iba dilatando para dejar paso a su gran polla erecta y cargada de leche.

El calor del ambiente no hacía otra cosa que darle un toque más excitante a la situación, siendo ya bastante cachonda de por sí, por el hecho de que ambos no sabían absolutamente nada el uno del otro. Acostarse con un completo desconocido siempre había sido una fantasía sexual muy recurrente en la vida de Mario, y ahora por fin la estaba haciendo realidad con todo un chulazo de gimnasio.

El roce de sus cuerpos continuó hasta que ambos estaban a punto de explotar de placer. Mario seguía penetrándole sin compasión, y al mismo tiempo le agarraba la polla bien fuerte y movía la mano de arriba abajo. Quería conseguir que ambos se corrieran a la vez, y sentir así la misma experiencia al mismo tiempo. Llegó un punto en el que el guapo desconocido le dijo que estaba a punto de correrse, así que Mario aceleró el ritmo. Los gemidos fueron creciendo hasta que a Mario le llegó uno de los mejores orgasmos de su vida. Explotó de placer, eyaculando una gran cantidad de semen, al mismo tiempo que notaba en su mano que el chico desconocido había hecho lo mismo.

Mario dejó un rato su miembro dentro del culo del chico, porque quería alargar ese momento el máximo tiempo posible. Notaba cómo se le iba desinflando la polla, pero aún estaba dentro de él. El semen caliente le caía de la mano y le chorreaba todo el brazo. Sin duda, ambos llevaban tiempo sin follar ni masturbarse, porque la cantidad de lefa que salió de sus pollas no era normal. Mario se quitó el condón y vio que lo había dejado lleno a rebosar de leche caliente. En ese momento, el chico misterioso agarró a Mario de la cara y le dio un beso intenso y sincero.

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