sexo anal en tacones relato erotico

Yo ya sabía que tú eras un fetichista empedernido con todo lo que tuviera relación con el mundo de los tacones y demás zapatos de suela alta. Por eso no me escandalicé cuando me dijiste que lo que querías era follarme mientras llevaba un buen par de zapatos de tacón alto, porque ya venía avisada con anterioridad por parte de tu entorno más cercano. A mí personalmente  me daba igual follar contigo con o sin tacones, la verdad. Pero si a ti ese rollo te ponía, yo encantada de hacerte sentir especial. Lo único que me importaba era sentir la pasión más pura e intensa a tu lado mientras cabalgábamos de placer el uno con el otro.

Me desnudé lentamente y moviendo mi cuerpo de forma sensual. Te estaba dedicando aquel pequeño striptease íntimo para que lo disfrutaras únicamente con tus ojos. Jugueteaba contigo al mismo tiempo que no te permitía tocarme, ya que quería ponértela bien dura antes de ponernos manos a la obra. Sabía que aquello también te volvía loco, así que al ritmo de la música ambiental me fui desprendiendo de toda la ropa, excepto claro está de mis tacones de aguja. Había escogido los tacones más altos y finos que tenía en todo mi armario para que te volvieras loco de placer. Una vez estuve completamente desnuda, me acerqué a ti y empecé a desnudarte con mis propias manos. Eras como un juguetito para mí, pudiendo hacerte lo que me viniera en gana en cualquier momento. Tanto es así que al dejarte en calzoncillos, te agarré y te lancé con una furia inusitada sobre la cama que nos esperaba con impaciencia.

Una vez tumbado, me paseé sobre ti con mis tacones puestos. Te provocaba de un modo intenso al rozar con la punta de mis tacones todo tu cuerpo, excitando así cada centímetro cuadrado de tu piel. Era una auténtica maravilla jugar así contigo y ver tus caras de excitación ante cada acción provocada por mí misma. Tras tanto jugueteo, decidí que era el momento idóneo para que me penetraras como tú más quisieras. Así que me abrí de piernas y te dije que me follaras como nunca antes habías follado con una chica. Tu cara era un poema, ya que salivabas de placer ante cada guarrada que te susurraba al oído. Sin pensártelo dos veces te abalanzaste sobre mí y me metiste tu polla dura hasta el fondo de mi coñito sediento de placer. La sensación que sentí en aquellos momentos fue totalmente indescriptible. Una oleada de placer inundó todo mi ser, al mismo tiempo en el que tú no parabas de menear tu cintura y empotrarme contra el cabecero de la cama.

Los dos gemíamos de placer ante cada embestida que me pegabas. Nuestros cuerpos sudorosos se entrelazaban entre sí, y mis piernas abiertas con sus zapatos de tacón puestos despertaban en ti una lujuria máxima que te era difícil controlar. Acariciabas y besabas mis piernas a la vez que me follabas sin parar. De pronto, me diste la vuelta y empezaste a clavarme tu polla por detrás. El sexo anal era algo que me volvía loca, y por lo visto a ti también. De repente y sin previo aviso te corriste dentro de mí, eyaculando y llenándome de tu leche caliente. Yo también alcancé el orgasmo, estremeciéndome de placer y vibrando con cada sacudida de éxtasis que me inundaba.

Tras la sesión de sexo anal, nos tumbamos sobre la cama hasta recuperar la respiración. Sin duda, había sido un polvo de primer nivel, y no veía el momento de volver a repetirlo junto a ti. Por supuesto, con los tacones puestos.

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