sexo con una gimnasta relato erotico

No todos los días se podía decir que uno se ha acostado con una gimnasta olímpica de primer nivel. Se trataba de Lucía, una chica pequeñita pero de cuerpo sexy y flexible a más no poder. La conocí en plena competición deportiva. Yo, como periodista, había ido a cubrir el acontecimiento y me tocó entrevistarla. Entre pregunta y pregunta, fuimos tonteando a saco, la verdad. Yo no me podía resistir a sus encantos, y ella se notaba que quería tema conmigo en todo momento. Finalmente, nos pasamos los teléfonos y me dijo que me acercara aquella tarde al hotel donde ella se hospedaba. Me quedé con la boca abierta ante tal ofrecimiento, y desde luego no pensaba rechazar aquella oferta tan suculenta.

Aquella misma tarde me dirigí hacia el hotel de Lucía. Ambos sabíamos a lo que veníamos, así que desde el momento en el que ella me abrió la puerta de su habitación, enlazamos nuestros cuerpos en multitud de abrazos, besos y caricias por doquier. Sin mediar palabra alguna, ella me llevó de la mano hasta la cama de matrimonio con la que contaba su suite de lujo. Menuda gozada iba a suponer acostarme con Lucía en una cama de aquel tamaño. No me podía ni imaginar la de posturas diferentes que íbamos a adoptar sobre ella.

Poco a poco, nos fuimos desnudando hasta quedarnos completamente desnudos. Nuestros cuerpos vibraban de placer con cada roce mutuo, y nuestra piel se erizaba debido a la excitación resultante. Teníamos una química brutal que ya habíamos confirmado desde el primer momento en el que nos conocimos, y desde luego todo pintaba a que aquel iba a ser un polvazo increíble. Cuando ya no pudimos aguantar más las ganas, nos lanzamos sobre la cama y ella hizo gala de su enorme elasticidad al abrirse de piernas por completo. No podía creer lo que estaba viendo. Follar con aquel caramelito era un regalo caído del cielo.

Sin más dilación, nos metimos en faena y empecé a penetrarla con unas ganas locas. Le clavaba la polla hasta el fondo de su coñito estirado a más no poder, y ella gemía de gusto cada vez que lo hacía. De repente, Lucía decidió cambiar la postura sexual. Así que se puso encima de mí y siguió cabalgando moviéndose de arriba abajo en todo momento. Literalmente ella estaba haciendo todo el trabajo, mientras yo sólo tenía que relajarme y disfrutar de aquel espectáculo tan maravilloso. Acaricié sus suaves pechos mientras éstos botaban mientras follábamos.

De repente, ella curvó todo su cuerpo y se inclinó hacia atrás porque decía que así podía sentir mi polla dentro de su cuerpo con más intensidad. De este modo podía rozarle el clítoris y estimularla debidamente para conseguir así un orgasmo tremendamente intenso. A los pocos minutos ella ya estaba gimiendo de placer. Sin duda, estaba experimentando un orgasmo clitoriano en toda regla. Yo me dejé llevar por la pasión, y al mismo tiempo que ella chillaba como una perra, yo me corría de manera explosiva dentro de su dulce coñito.

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