sexo plena mudanza relato erotico

Había sido una mudanza agotadora, pero por fin habíamos terminado de subir todas las cajas de aquella pareja de lesbianas. Aquellas dos chicas estaban buenas a más no poder, y me estaban poniendo cachondo desde el principio con sus gestos de complicidad y sus besos de cariño. Yo las miraba por el rabillo del ojo cada vez que subía a su nuevo piso, y fantaseaba en mi mente con vivir un momento de sexo junto a ellas. Todo un trío sexual en el que los tres gozábamos de nuestros cuerpos desnudos mientras obteníamos placer sin límites. Aún y así, yo soy todo un profesional en mi trabajo, y no quise arriesgarme y hacer algún comentario provocador para ver si ellas entraban al trapo y querían un poco de morbo con el chico de la mudanza.

Sin embargo, sus comentarios hacia mí empezaron a ser cada vez menos disimulados. Ellas se miraban y sonreían cada vez que yo pasaba por delante y cargaba una caja con mis brazos musculosos. Llegó un punto en el que era obvio que se estaban sintiendo atraídas sexualmente por mí, así que decidí lanzarme a la piscina y tirarles la caña a saco. No cabía duda que si probaba suerte, seguramente saldríamos los tres beneficiados de aquel encuentro. Así que me acerqué a ellas, me sequé el sudor de la frente y con un gesto provocador les propuse un rato de sexo junto a mí. Ellas, en vez de contestar con palabras, se levantaron del asiento y empezaron a desnudarme con unas ganas locas. Vamos, que aquello se había convertido en tan sólo unos minutos en toda una escena porno la mar de sugerente.

Así empezó nuestro trío sexual de vértigo, que había derivado desde una mudanza normal a toda una aventura sexual cargada de morbo y seducción por ambos lados. Yo me dejé hacer en todo momento lo que aquellas dos viciosas quisieran, mostrándome disponible a que gozaran de mi cuerpo y me estimularan como a ellas les viniera en gana. Mientras una se amarraba a mi polla y chupaba con todas sus fuerzas, la otra se abrió de piernas y me dejó que le dedicara un cunnilingus en condiciones. Aquella sesión de sexo oral a tres bandas era la excusa perfecta para soltarnos un poco y preparar el terreno hacia la acción propiamente dicha.

Tras la mamada y la comida de coño, decidimos organizarnos para follar los tres al mismo tiempo y disfrutar así a la vez de aquel encuentro tan caliente. El caso es que mientras penetraba salvajemente a una de ellas, a la otra le iba haciendo un dedo para que gozara al mismo tiempo que nosotros. Era una auténtica maravilla sentir a aquellas dos zorritas dedicadas en cuerpo y alma a provocarme placer sin límites, y estaba claro que aquello iba a terminar en una explosión de orgasmos y placer hasta el final. De hecho, a los pocos minutos aquellas dos chicas ya se estaban retorciendo y experimentando el clímax sexual más absoluto. Al verlas en aquella actitud, yo no pude controlarme y me corrí sobre sus cuerpos sensuales y turgentes. Toda mi lefa cubrió sus tetas, vientres y coñitos calientes, dejándolas satisfechas y desahogadas por completo.

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