sexo tras la lluvia relato erotico

Llegamos empapados de los pies a la cabeza a casa. Nos había pillado una tormenta en mitad de la calle, y sin más dilación tuvimos que correr de vuelta para ponernos a resguardo en la comodidad de nuestro hogar. Tras cerrar la puerta, nos dimos cuenta que estábamos mojando todo el suelo. Así que sin pensárnoslo dos veces, nos desnudamos allí mismo y nos fuimos derechos a la ducha para que el agua caliente nos reconfortara y nos hiciera volver en calor. Aunque en realidad el agua caliente sólo supuso una pequeña ayuda, porque los que ya íbamos calientes de serie éramos nosotros.

Nada más meternos en la ducha nuestros cuerpos se unieron para darnos calor mutuo. Era una gozada sentir el contacto de la piel de tu pareja y que te embriague esa sensación tan reconfortante. Nos empezamos a enjabonar el uno al otro, prestando especial atención a todas esas zonas erógenas que tanto nos gustaba que nos frotaran. Poco a poco la cosa se fue animando, y ahí nos podías ver a los dos, bajo una cortina de agua caliente y tremendamente cachondos. Era inevitable que no acabáramos follando ahí mismo, y cuando fuimos conscientes de ello, nos fundimos en un beso apasionado. Tu pene rozaba mi vagina en un suave y dulce cosquilleo. Cuanto más dura se te ponía, mas apretaba para frotarla contra mí misma. Sabía que estabas a punto de explotar, así que sin más dilación me puse a cuatro patas y dejé que me penetraras desde atrás con total libertad.

Toda el agua caliente caía por mi espalda mientras tú agarrabas bien fuerte mi cintura y me empotrabas contra los azulejos del baño sin parar. Mi respiración se entrecortaba cada vez que me la metías con aquella furia animal, y tú gemías de placer al meterla en chochito caliente. Ya se nos había olvidado el motivo por el que habíamos acabado así. Lo único importante ahora era disfrutar del momento y llegar al placer máximo el uno con el otro. No había nada comparable a aquellos momentos de sexo alocado y espontáneo en el que la acción surgía como el que no quiere la cosa, con total naturalidad. Y es que cuando las ganas aprietan, cualquier excusa es buena para ponerse manos a la obra y disfrutar del sexo en toda su plenitud.

Yo sentía toda tu polla caliente dentro de mi ser, embriagándome y llenándome por completo de toda su esencia y calor. Cuanto más gemía, más fuerte me follabas por detrás y más placer me provocabas. Desde luego, habíamos convertido un momento rutinario en el más alto de los placeres posibles. Estábamos jadeantes de placer, pero no cesábamos en nuestro empeño de conseguir el ansiado orgasmo definitivo que nos elevara a otra dimensión y nos proporcionara placer en cantidades ingentes. De repente, y sin previo aviso por tu parte, te corriste dentro de mi coñito húmedo y sediento de tu leche caliente. Me rellenaste por detrás con tu semen y noté como éste fluía dentro de mí hasta llegar a mi interior. Tú gemías con cada corrida, y yo me estimulaba el clítoris con la mano que me quedaba libre para así hacer coincidir mi orgasmo y sentir el mismo placer que el tuyo. Efectivamente, a los pocos segundos yo también exploté de placer. Nuestros cuerpos húmedos se retorcían y la pasión frenética dio paso a la ternura más absoluta. Nos besamos totalmente relajados tras aquel coito intenso y nos dedicamos cientos de caricias y mimos durante el resto del baño.

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