tetazas solo para ti relato erotico

Siempre supe que una de mis mejores armas de seducción eran mis tetas grandes y turgentes, capaces de hacer enloquecer a cualquier amante del cuerpo femenino. Por eso, me dedicaba a explotarlas y enseñarlas siempre que tenía ocasión. Me encantaba lucir vestidos ceñidos y con mucho escote, capaces de enseñar todo mi poderío frontal. Con este simple truco, conseguía que muchos hombres y mujeres cayeran rendidos a mis pies. De hecho, tengo mi famoso vestido con un escote impresionante con el que salía de fiesta algunas noches en busca de algún semental dispuesto a provocarme placer sin límites. Siempre me he considerado una persona muy fogosa, y no tenía ningún inconveniente en reconocerlo y disfrutar de mi vida sexual a tope.

Aquella misma noche me puse el famoso vestido y acudí al bar de la esquina dispuesta a comerme el mundo. No tardé en encontrar a mi compañero de cama, un joven atlético de muy buen ver y con unas ganas de follarme impresionantes. Se le caía la baba literalmente cada vez que me veía pasearme delante de él, y no podía apartar la mirada de mis enormes tetas. Sin miedo, me acerqué a él y le propuse si quería pasar un momento divertido junto a mí. Él no se lo pensó dos veces, así que le cogí de la mano y le llevé directamente a mi apartamento, que estaba a muy pocos metros de allí. Había sido tan fácil que incluso esta vez me había sorprendido a mí misma.

Una vez en casa, cerré la puerta con un golpe de pierna y empecé a desnudarme delante de él. Le dediqué un striptease en toda regla con el que conseguí excitarle a más no poder. Podía ver como se estaba poniendo cachondo al ver un bulto emerger de sus pantalones. Entonces me lancé hacia él y empecé a desnudarle con unas ganas locas. Me acababa de dar cuenta que aún no sabía ni su nombre, pero ni falta que hacía. Él tampoco conocía mi nombre, pero aquel pequeño detalle no era necesario para protagonizar una escena de sexo de aquellas que sigues recordando con el paso de los años. De modo que cuando ya estábamos los dos completamente desnudos, empezamos a frotar nuestros sexos de manera explícita y total. Él, por su parte, no pudo resistirse y plantó sus dos manos sobre mis tetorras. Dejé que jugara con ellas todo lo que quisiera, que se hartara bien de todo su volumen y peso.

Entonces empezamos a follar como auténticas fieras salvajes. Parecíamos dos animales en celo que llevaran mucho tiempo sin tener sexo, y que de repente les dieran la posibilidad de acostarse entre ellos. Yo me abrí de piernas y dejé que me penetrara con una furia salvaje y arrebatadora. Podía notar su cuerpo posado sobre mis tetas, a las cuales de vez en cuando lamía y recorría su contorno con toda su lengua. Yo me estaba derritiendo de placer, ya que el chico follaba bastante bien. En cuestión de minutos, los dos alcanzamos el orgasmo más intenso y memorable posible. Nos corrimos prácticamente a la vez, sincronizando nuestros movimientos y sintiendo un placer la mar de excitante.

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