travesti caliente busca mamar relato erotico

Hola a todos. Me llamo Sara y os voy a contar cómo terminé anoche comiéndole la polla a mi novio. La verdad es que para ser sincera del todo, os tengo que confesar algo en primer lugar. Además de ser una chica muy caliente y fogosa, tengo un secreto entre las piernas que es capaz de volver locos a hombres y mujeres por igual. Me refiero a que pese a tener un buen par de tetas grandes y vistosas, también tengo una buena polla grande y dura. Sí, habéis oído bien. Tengo lo mejor de ambos sexos en un solo cuerpo. Podéis imaginar lo divertidas que son mis sesiones de sexo, al tener mi pareja siempre para elegir lo más erótico y excitante de los hombres y de las mujeres. Desde luego, no se puede pedir más en esta vida.

Pues bien, aquella noche mi novio y yo estábamos especialmente cachondos. Más que de costumbre, incluso. Nos encontrábamos tirados en el sofá viendo la tele, pero no podíamos prestar atención al tema que trataban porque sólo teníamos una cosa en mente: follar sin parar durante toda la noche. Nos conocemos tan bien, que con sólo mirarnos ya supimos lo que íbamos a hacer durante los próximos minutos, que no era otra cosa que practicar el sexo más salvaje y apasionado de nuestras vidas. Porque juntos, cada ración de sexo se convertía en la más intensa. Éramos dos seres tremendamente fogosos que cuando se centraban en mantener relaciones sexuales, nos evadíamos de todo y sólo nos podíamos dedicar a obtener y proporcionar el máximo placer posible.

A él le encantaba jugar con mi polla al mismo tiempo que se masturbaba. Le ponía tremendamente cachondo que mientras él juntaba nuestras pollas, yo acariciara mis pezones, y humedeciéndome la punta de mis dedos con mi propia saliva, me los frotara y pellizcara para ponerlos bien duros y erectos. Por supuesto, él seguía a lo suyo, pajeándonos en todo momento y sin parar un segundo. Tuve que frenarle porque no quería correrme tan pronto. Así que me agaché y comencé a comerle la polla con unas ganas locas. Me encantaba sentir todo cipote en mi boca y notar su sabor a carne. Mientras, yo me masturbaba y sentía mi polla entre mis manos y la de mi novio en mi garganta. Era una sensación tremendamente excitante y erótica.

No parábamos de frotar nuestros cuerpos sudorosos, creando así una amalgama muy caliente y sensual. Yo me apartaba las bragas hacia un lado y dejaba asomar mi polla para acariciármela mientras se la chupaba a él. Lo mejor era contemplar nuestras caras de gozo absoluto. Cuanto más chupaba y lamía yo, más gemidos lanzaba él, y yo más rápido me pajeaba. Era como un círculo vicioso que no podíamos ni queríamos parar.

Finalmente, mi novio se corrió en toda mi boca, llenándomela de su semen caliente y espeso. Yo jugueteé con toda la leche que me lanzó, hasta que finalmente me la tragué por completo. Sabía que aquello le volvía loco, pero también quería que cuando yo me corriera, él también se lo tragara. Pues dicho y hecho. Me incorporé para eyacular sobre su cara, y él no podía parar de lamerse con la lengua y aprovechar cada gota de semen que le lanzaba. Era una pasada sentir que ambos nos habíamos tragado la leche del otro. Nos besamos con lengua de una forma apasionada, notando el sabor de nuestra propia lefa al hacerlo. No podía haber nada más erótico en este mundo para nosotros, y entre caricias y besos, nos acostamos acurrucados el uno contra el otro.

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