el vibrador de ana parte 1

Ana llegó a su casa de forma precipitada, dando un portazo a la puerta y con muchas ganas de evadirse de todo por completo. Estaba deseando estrenar algo que se acababa de comprar en un sex shop cercano a su trabajo, y ahora que por fin estaba libre, podía dejar volar su imaginación y concentrarse de lleno en proporcionarse placer. Y es que, tras una larga jornada de llamadas, faxes y trámites interminables, era el momento ideal para dedicarse tiempo a ella misma y disfrutar como nunca.

Empezó a desnudarse de camino a su dormitorio, lanzando al suelo el conjunto de ropa interior y quedándose completamente en cueros. Su hermoso y estilizado cuerpo era una delicia para la vista. Sus pechos redondeados y bien puestos, su suave cintura y sus piernas de infarto hacían palidecer de envidia a todas las mujeres y morir de deseo a todos los hombres. Desde luego, a Ana no le faltaban pretendientes para acostarse con ella, pero aquel día prefería disfrutar de la soledad y masturbarse sin prisas y con total libertad.

Al llegar a su cama, Ana abrió el paquete en cuestión, que contenía un vibrador con forma de pene gigante. A ella nunca le importó mucho el tamaño, pero estaba claro que si podía elegir, prefería hacer uso de un consolador con un tamaño considerable para poder llenarse de él al completo. Lo contempló entre sus manos durante unos segundos para pasar después a frotar sus pezones con la punta del glande. El juguete tenía un tacto tremendamente agradable, y con cada roce que se provocaba, sus pezones se endurecían hasta quedar tan duros como una piedra. Sin duda, había dado en el clavo con la elección, y sabía que este aparatito le iba a proporcionar horas y más horas de placer.

Tras la primera toma de contacto, Eva empezó a humedecer el vibrador con su propia saliva, chupándolo de arriba abajo para conseguir que le entrara sin problemas. Una vez que el instrumento ya estaba en condiciones, empezó a frotarlo contra su coño. Sus labios vaginales se movían con cada roce que se provocaba, allanando el terreno para lo que iba a ocurrir después. Cuando se sintió preparada, Eva empezó a introducirse el vibrador en su vagina. Primero introdujo sólo la punta, pero poco a poco lo fue metiendo más y más, hasta que lo llegó a sentir por completo dentro de su sexo.

Ahora que ya no había vuelta atrás, Eva encendió el interruptor del juguete sexual. Una sensación de placer indescriptible le recorrió todo el cuerpo. Notaba como todas y cada una de las partes de su vagina, se movían al ritmo de la vibración del pene de silicona. Cada vez que el clítoris era acariciado por este zumbido, Eva gemía de placer. Hacía mucho tiempo que no sentía lo que estaba experimentando en estos momentos. Totalmente abierta de piernas, se introducía el vibrador con verdadero ímpetu, provocando alaridos de placer con cada embestida que ella misma se ejercía. Su coño estaba totalmente lubricado, y el juguete entraba solo hasta el fondo sin ningún tipo de problema. Mientras con una mano se masturbaba, con la otra se pellizcaba los pezones.

De repente, Eva experimentó una oleada de orgasmos seguidos entre sí. Con cada nueva penetración, su cuerpo se elevaba al nirvana más absoluto, abandonando la conciencia y transportándose a otro universo. Su cadera se tensaba, el coño se le cerraba de tanto placer y un flujo vaginal transparente surgía mojando el vibrador. Tras el maratón de orgasmos, Eva decidió dejarse la polla de plástico dentro de su cuerpo durante unos segundos más. Quería notar más tiempo dentro de ella el tamaño y forma de semejante maravilla de la tecnología. Ahora que ya lo había probado en solitario, sabía que la próxima vez en utilizarlo, lo haría en compañía de un hombre.

CONTINUARÁ…

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