el vibrador de ana parte 2

Por fin, Ana había encontrado a la víctima perfecta para poder hacerle partícipe de sus juegos de cama. Y es que tras sus primeras experiencias en el mundo de la masturbación con vibradores, la experiencia le había gustado tanto que quería probar a introducir estos juguetes sexuales durante una relación íntima con un hombre. Aquella misma noche, Ana había ligado con un chico en el bar de moda de la ciudad, y tras preguntarle si él estaría dispuesto a subir a su casa para probar unos juguetitos que acababa de comprar, los ojos del muchacho se abrieron de par en par y aceptó de forma inmediata.

Ana había conseguido muchos otros juguetes eróticos durante todo este tiempo, y se había vuelto una experta en todo lo relacionado con el tema. Estaba deseando follarse a aquel desconocido y hacer que le penetrara con mil y un instrumentos diferentes. Nada más llegar al apartamento de Ana, ambos se besaron con una pasión inusitada. El calentón de ambos era tan grande, que a duras penas pudieron avanzar hasta el dormitorio mientras se iban desnudando y lanzando su ropa por el suelo. Sus brazos torpes se chocaban con los del otro para conseguir quedarse desnudos lo más rápido posible.

Ya en el dormitorio, Ana se quitó las bragas y el sujetador, abrió el armario y sacó una caja del fondo. Una vez abierta, empezó a sacar objetos de plástico de todo tipo, forma, tamaño y color diferentes. El chico se quedó con la boca abierta imaginando todo lo que iba a disfrutar aquella noche con Ana. Había conocido a muchas chicas a lo largo de su vida, pero nunca había visto a alguna tan abierta a la hora de hablar de sexo y proponer nuevas ideas en la cama. Estaba tan cachondo con la idea, que creía que todo aquello no era más que un sueño, y de un momento a otro acabaría despertándose.

Afortunadamente todo era real, y Ana puso en las manos del chico su primer vibrador. Sí, aquel que compró de manera furtiva hacía ya algún tiempo, y con el que vivió múltiples orgasmos en una sola sesión. Gracias a ese aparatito había empezado a abrirse sexualmente hablando, y quería empezar jugando con aquel consolador tan especial para ella. El chico lo cogió con ambas manos y empezó a introducirlo por el chochito húmedo de Ana. Pese a que al principio él se mostró algo tímido, enseguida empezó  a soltarse y a penetrar a Ana de forma más intensa y salvaje. A la vez que le metía el vibrador, él le besaba y acariciaba sus grandes y hermosas tetas. Desde luego, aquella chica era una guarrilla de primera, y estaba dispuesto a entregarse al 100% para satisfacerla por completo.

Justo en ese momento, Ana le propuso que le follara por detrás, a lo que el chico aceptó encantado como no podía ser de otra manera. Ella sabía que a todos les encantaba ese rollo, y quería experimentar lo que supondría ser penetrada por el culo por un hombre, y meterse en la vagina el vibrador al mismo tiempo. Sin duda, el placer obtenido podría multiplicarse por dos. Ana no se equivocaba, ya que nada más empezar a que le follaran el culo, ella encendió su vibrador y se frotó el clítoris mientras estaba a cuatro patas. El chico la empotraba con furia desde atrás, y la cogía de las caderas para poder hacer más fuerza y follársela hasta el fondo. Las tetas de ella vibraban con cada sacudida, y su culo se movía como si estuviera hecho con gelatina. Gracias a que Ana había practicado en contadas ocasiones el sexo anal, tenía el culo estrechito y el roce que le provocaba en la polla a su ligue de esa noche era tan intenso que el orgasmo de ambos era ya inminente.

De repente, el muchacho avisó con la voz entrecortada que estaba a punto de correrse. Ella le pidió que se corriera dentro, para así sentir toda su leche fluir en su interior. Justo en ese momento, Ana puso la velocidad del vibrador al máximo y consiguió alcanzar un orgasmo anal y vaginal al mismo tiempo. Todo su cuerpo se erizó debido al placer máximo que estaba experimentando. Nunca en su vida había tenido esa sensación, y su mente abandonó su cuerpo durante unos segundos ante tanta excitación vivida de golpe. Aquello había sido como juntar dos orgasmos en uno solo, y la sensación era tan inexplicable que las palabras se quedan cortas para describirlo como se merece.

Ana y el muchacho se quedaron tumbados largo rato sobre la cama, acariciándose y besándose como si fueran unos quinceañeros. Sin decir una palabra, ambos sabían que ésta había sido una de las mejores experiencias sexuales de sus vidas, y estaban deseando repetirla a la mayor brevedad posible.

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