zorritas untadas aceite relato erotico

Si había una práctica fetichista que nos volvía completamente locas a las dos, esa era la de untar todo nuestro sensual cuerpo en aceite y follar juntas mientras nos frotábamos entre nosotras. Era una auténtica pasada sentir cómo mi compañera de cama se deslizaba sobre mí y sentíamos el contacto la una con la otra de un modo diferente a cómo estábamos acostumbradas. Sin duda, a las dos nos encantaba la idea de aquel nuevo género sexual que íbamos a poner en práctica aquella misma tarde, y seguro que íbamos a pasar uno de los mejores momentos de nuestras vidas.

Preparamos la zona dónde íbamos a follar para que luego no tuviéramos ningún problema y pudiéramos centrarnos única y exclusivamente en disfrutar del acto sexual. De modo que pusimos una lona de plástico sobre el suelo para no manchar nada ni resbalarnos, dejamos una botella de aceite corporal al lado y caldeamos el ambiente colocando una luz adecuada a la escena. No queríamos que nada fallara para poder disfrutar al máximo de todo aquello. Seguro que íbamos a gozar como auténticas perras en celo de todo aquello.

Una vez que ya estaba todo preparado, nos desnudamos lentamente y gozamos de nuestros cuerpos descubiertos todo lo que quisimos. Yo me adelanté y cogí el bote de aceite para hacer uso de él. Abrí el tapón y me puse un poco de aquel fluido lubricante entre mis manos. Quería calentarlo para que no sintiéramos frío al ponérnoslo sobre la piel. Una vez que ya había calentado el asunto, cogí a mi chica y empecé a sobarla por todo el cuerpo, de arriba abajo. Empecé por sus pechos, acariciándolos y frotando mis manos sobre sus pezones. Pude ver cómo poco a poco éstos se iban erizando y poniendo duros debido al estímulo que les estaba dando. Era una sensación maravillosa ver cómo ella se iba poniendo más y más cachonda a medida que yo me recreaba con su cuerpo.

Fui bajando lentamente, para alargar aquel momento todo lo posible y más. Cuando mis manos se encontraban entre sus piernas, introduje mis dedos en su coñito y empecé a masturbarla de manera intensa y apasionada. Ella gozaba como una auténtica perra, al mismo tiempo que me quitó el bote de aceite, se echó un poco en las manos y empezó a embadurnar todo mi cuerpo con él. Ahora ya sí se podía decir que estábamos en igualdad de condiciones, ya que las dos brillábamos y resbalábamos por completo. Nos encantaba jugar a deslizar todas las zonas erógenas de nuestro cuerpo con el cuerpo de la otra. Pezones, bocas, y hasta nuestros coños se unieron haciendo la ya clásica postura de la tijera. Sexo lésbico en estado puro que nos estaba excitando hasta límites insospechados.

Seguimos masturbándonos la una a la otra, esperando así conseguir alcanzar un orgasmo intenso y placentero. Estimulábamos nuestros clítoris con una habilidad asombrosa hasta que las dos llegamos a corrernos a la vez. Estábamos experimentando un orgasmo clitoriano que nos hizo retorcernos de placer. Igualmente no dejamos de besarnos en todo momento, manteniendo el contacto de nuestros labios y retorciendo nuestras lenguas hasta convertirlas en una sola. Desde luego, aquel polvo tan resbaladizo había resultado ser una experiencia de lo más gratificante.

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