esperandote desnuda casa relato erotico

Llevaba varios minutos esperando a que llegaras a casa y gozáramos juntos del mejor sexo que tú y yo éramos  capaces de mantener. Sin embargo, estabas tardando más de lo normal. Mira que tenía unas ganas locas de verte, pero poco a poco se fueron perdiendo al ver que no venías. Sin embargo, en vez de deprimirme, empecé a darme yo misma lo que tú no me podías dar: lujuria y pasión de primer nivel. Puede que no folláramos juntos aquel día, pero yo me iba a masturbar para demostrarte a ti y a mí misma que podía pasármelo en grande, sexualmente hablando, sin necesidad de recurrir a un hombre. Por supuesto que sí.

Por eso mismo empecé a tocarme lentamente, sin ningún tipo de prisa. Metí mi mano bajo la ropa y acaricié todo mi cuerpo, sintiendo el contacto con mi piel con más intensidad que nunca. La verdad es que tenía unas ganas locas de follar contigo, pero por eso mismo me iba a dedicar a mí misma una sesión de onanismo en solitario que iba a superar con creces cualquier polvo que pudiera echar contigo. Toda mi piel se erizó del placer que estaba experimentando en aquello momentos. Conocía mi cuerpo a las mil maravillas, así que sabía muy bien dónde centrar toda mi atención para estimularme de manera correcta y placentera. Nadie mejor que yo podía saber cómo tocarme, eso está claro.

Me fui abriendo paso poco a poco entre mis piernas hasta notar con la punta de mis dedos la humedad de mi coñito caliente. Estaba tremendamente mojada debido a la excitación que estaba sintiendo en aquellos momentos. Con calma, me quité las braguitas y el sujetador hasta quedarme completamente desnuda. No quería que nada me interfiriera a la hora de meterme los dedos ahí abajo. Una vez libre por completo, volví a la carga acariciando mis labios vaginales con gran esmero. Entonces introduje mi dedo índice hasta el fondo y me estremecí de arriba abajo. Con movimientos rápidos y certeros fui tocando mi clítoris, por lo que una oleada de éxtasis absoluto inundó todo mi cuerpo de arriba bajo. Tenía los pezones tremendamente duros, así que con la otra mano me los fui acariciando, controlando así todas y cada una de las zonas erógenas de mi cuerpo.

Nunca había sentido más de un orgasmo en un mismo acto sexual, pero aquella vez estaba dispuesta a probar hasta el final y volverme una mujer multiorgásmica. Pues dicho y hecho. Tras un primer orgasmo lago discreto, seguí metiéndome un par de dedos por el coño hasta sentir un segundo orgasmo, mucho más intenso que el anterior. Tanto es así que tuve que gemir ante tanto placer provocado por mí misma. Quise arriesgarme e ir a por un tercero, el cual efectivamente llegó a los pocos minutos. Ya me daba igual si al final vendrías o no, porque había sentido la pasión más absoluta con la única ayuda de mis manos y mi propia imaginación. Se siente.

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