Hacía mucho tiempo que a mi novia y a mí nos llamaba enormemente la atención el hecho de participar en una orgía en la que nos intercambiáramos de pareja. Siempre habíamos sido una pareja muy fogosa sexualmente hablando, y no teníamos ningún problema en experimentar cosas nuevas y excitantes que dieran un poco de color y sabor a nuestra vida sexual. Por eso, después de considerarnos una pareja liberal y abierta al hecho de acostarnos con otras personas, el siguiente paso era el de follar juntos pero con personas diferentes. Muchas veces me había imaginado cómo y con quien me estaba poniendo los cuernos mi novia. Era una especie de fantasía sexual muy recurrente para mí, y que por fin ahora iba a convertirme en un espectador privilegiado. Tanto ella como yo íbamos a poder vernos en acción con otra gente, cosa que me motivaba enormemente.

No nos costó mucho introducirnos en este mundo, ya que teníamos un amigo que era un habitual en este tipo de sitios. Muy cerca de nuestra casa teníamos un club especializado en este tipo de relaciones, por lo que ese mismo fin de semana ya nos tenías llamando al timbre y con un calentón increíble. Sabíamos que los dos íbamos a acabar follando con alguien, pero aún no sabíamos con quién o de qué manera, cosa que le añadía un toque de morbo a la situación. No queríamos obligarnos a nada, pero estábamos muy motivados y con ganas de dejarnos llevar y experimentar nuevas formas de sexo.

Nada más pagar la entrada que nos daba acceso al local, pedimos una consumición en la barra y empezamos a observar el panorama. El ambiente que se respiraba ahí no lo había visto nunca antes en ningún otro bar o discoteca. Todo el mundo se mostraba receptivo y te seguía con la mirada para que supieras que estaba interesado en revolcarse contigo en el privado. Como las prisas nunca son buenas, no quisimos adelantarnos y diferenciar muy bien el tipo de personas que teníamos enfrente para hacer una buena selección. La verdad es que los dos íbamos guapísimos. Yo, con una camisa ceñida que me marcara todos los músculos, y mi novia con una minifalda provocativa que consiguió que todos los hombres se quedaran babeando al mirarla. En vez de ponerme celoso, lo que tenía era un calentón tremendo. Saber que tanto hombre se estaba empalmando al ver a mi novia conseguía ponérmela más dura aún.

De pronto, una pareja se nos acercó y nos invitó a una copa. Eran más o menos de nuestra edad, y se les veía muy agradables y entendidos en el tema. Les confesamos que era nuestra primera vez, a lo que ellos respondieron con una sonrisa llena de morbo y deseo. Estábamos convencidos que para ellos, nosotros éramos un auténtico caramelito, pero no nos importaba en absoluto que se aprovecharan de nosotros a cambio de volvernos unos expertos en esto del intercambio de parejas.

Continuará…

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