pajote con la boca relato erotico

Estaba totalmente preparada y dispuesta a comerte la polla cómo sólo tú te mereces. Por eso busqué cualquier excusa para quedarnos solos durante la fiesta y tener así un poco de intimidad para nosotros dos. Te cogí de la mano y fuimos en busca de alguna habitación en la que no hubiera absolutamente nadie. Afortunadamente encontramos una al final del pasillo, así que nos metimos en ella y nos preparamos para gozar de una sesión de sexo sin precedentes. Llevábamos toda la noche tonteando el uno con el otro, y aquella situación sólo podía culminar de un modo: protagonizando juntos una escena de sexo totalmente placentera para ambos.

Una vez entramos en el dormitorio y cerramos la puerta detrás de nosotros, nos abalanzamos el uno hacia el otro y nos besamos apasionadamente. El deseo que habíamos estado acumulando durante toda la velada fluyó mientras nos entregábamos a la pasión más pura. Apaciguábamos nuestro calentón proporcionándonos miles de besos y caricias por doquier. Empezamos a tocar nuestros cuerpos y a meter la mano debajo de la ropa. Estábamos en busca de aquellas zonas erógenas que lograran estimularnos de manera intensa y placentera. Desde luego, el calentón que llevábamos encima era indescriptible, y era imposible poder frenar nuestros actos llegados a este punto.

Nos empezamos a desnudar poco a poco. Yo te bajé los pantalones y dejé al descubierto tu pene erecto. Parecía que estuviera pidiéndome a gritos que me lo metiera en la boca y empezara a chuparlo sin contemplación. Así que no lo dudé ni por un momento y te dediqué una sesión de sexo oral como pocas habrías experimentado en toda tu vida. Nadie te la iba a chupar mejor que yo, eso tenlo por seguro. Succionaba bien fuerte y estimulaba con la punta de mi lengua todo tu capullo. Tus caras de satisfacción eran inenarrables, y cuando te miraba a los ojos me ponía aún más cachonda si cabe.

A todo esto, mientras yo te dedicaba la mejor mamada de tu vida, yo me acariciaba el coño con la punta de mis dedos. Tenía el chochito totalmente húmedo y listo para ser penetrado, así que me tocaba el clítoris hasta sentir grandes oleadas de placer que inundaban todo mi cuerpo de arriba abajo. En cualquier caso, en ningún momento dejé de lado mi fijación oral y continué entregándome por completo. De repente observé que parecías estar a punto de correrte, así que te avisé de que no tenía por qué parar, y que estaba dispuesta a tragármelo por completo.

Sin duda, te tomaste mis palabras al pie de la letra. Me agarraste bien fuerte la cabeza con ambas manos y me follaste la boca sin piedad alguna. Notaba como la punta de tu rabo me estaba rozando la campanilla, pero seguí chupando sin parar. A los pocos minutos, noté como toda tu lefa estaba inundando mi garganta por completo, de manera que me la tragué sin pensármelo dos veces. Siempre cumplo mi palabra, y esta vez no iba a ser menos. Saboreé toda tu ración de semen y tras terminar, nos tumbamos sobre la cama para retomar el aliento tras la sensual escena que acabábamos de protagonizar.

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