dias de sexo y rosas segunda parte relato erotico

Tal y como decía, mi chico y yo nos tumbamos sobre la cama cubierta de pétalos de rosas, listos para probar aquel nuevo anillo vibrador que tantas sensaciones de placer prometía para nuestras relaciones íntimas. No sabíamos muy bien por dónde empezar, así que me lancé a encender yo misma aquel juguete sexual que tanto iba a cambiar nuestras vidas sexuales de ahora en adelante. Nada más darle al minúsculo interruptor, la cara de satisfacción que puso mi novio fue indescriptible. Decía que era como si una corriente de placer que nacía en la base de su pene se extendiera a través de todo su cuerpo hasta inundarlo por completo. Pensé que era algo exagerado, hasta que yo misma comprobé de lo que hablaba.

Él se puso sobre mí y empezó a penetrarme con mucha suavidad. Cuando me metió la polla hasta el fondo, noté la vibración cerca de mi propio clítoris y creí morir de placer. Una oleada de excitación cubrió todo mi ser, haciendo que literalmente me mantuviera en un estado de suspensión absoluta. Era como si flotara con cada embestida que me pegaba mi novio. Su polla inundaba todo mi ser, haciendo que vibrara en todo momento y estimulándome como nunca antes me había estimulado nada ni nadie. Era maravilloso poder sentir su miembro viril dentro de mí al mismo tiempo que conseguía excitarme clitorialmente de aquella manera. Estábamos viviendo en sexo en toda su plenitud, y todo gracias a aquel pequeño aparatito.

Quisimos cambiar de postura, y ahora era yo misma la que estaba encima de mi novio. Me coloqué a horcajadas sobre su cintura y empecé a galopar sobre el cómo galopa un jinete sobre su caballo. Mi cintura era capaz de hacer movimientos cortos y precisos para estimular su polla erecta en todo momento. Subía y bajaba sobre el para ser penetrada mientras él se dedicaba a disfrutar de la situación. Su cara de placer era como un libro abierto, pero estaba segura que la mía no se quedaba atrás. En aquella nueva postura sexual, su pene me entraba hasta el fondo de mi vagina, consiguiendo que el anillo vibrador hiciera su efecto dentro de mí. El cosquilleo perpetuo que emitía aquel juguete sexual era capaz de excitarnos a ambos de manera sobrehumana.

Mantuvimos aquella misma postura durante varios minutos, el tiempo justo hasta que me corrí de un modo intenso y tremendamente placentero. Las paredes de mi coñito se estrecharon debido a la intensa sensación que experimenté con aquel polvo tan sublime. He de confesar que gocé en la cama como nunca antes lo había hecho, y puedo dar buena fe de que mi novio también se lo pasó en grande. Muestra de ellos fue la corrida explosiva que eyaculó al final de la fiesta sexual. Un buen chorro de lefa caliente y espesa salió disparado desde su polla dura hasta el interior de mi coñito caliente y sediento de semen.

Nada más terminar, nos tumbamos uno al lado del otro y mi pareja se quitó el anillo vibrador de su pene desempalmado para dejarlo sobre la mesilla de noche de nuestro dormitorio. Nos lanzamos una mirada de complicidad, haciéndonos saber que aquel cacharro tan pequeño nos había hecho disfrutar del sexo como nunca antes. Sin duda, lo íbamos a usar mucho, aquel anillo vibrador.

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