“juguete"

Mi pareja y yo somos muy aficionados a los juguetes sexuales. Somos de la convicción de que el sexo por si solo está bien, pero que con un juguete la buena experiencia se puede multiplicar por mil. Tanto es así, que ya no me sorprende cuando mi novio me trae de vez en cuando alguna cosa para que probemos.

Hace un par de semanas vino con la bolsa del sex-shop al que acudimos regularmente.
– ¿Qué traes hoy?
– ¡Bolas tailandesas! Ya verás que bien. En la tienda me han dicho que acaban de llegar y que dan mucho placer. Las he comprado de éste color, ¿te gustan?

No es que el rosa fuera mi color favorito, pero lo vi tan excitado que me traspasó parte de la emoción. Habíamos probado varias veces bolas chinas, pero estás eran un poco diferentes.
Javi me hizo desnudar en seguida.

– ¡Cariño! ¡Voy a tomarme una ducha rápida! ¡Desnúdate y espérame en la cama que ahora voy!
Mientras oía el agua caer, miré con atención el juguete nuevo. Era rosa, sí, pero muy fino. Eran unas siete u ocho bolitas de silicona (ordenadas de mayor a menor) todas juntas y con una arandela al final de todo, supongo que para facilitar su extracción.

Javi llegó con una sonrisa traviesa en la cara. Sin darme apenas cuenta me cogió y me puso en una posición en la cual yo no podía más que esperar a que él iniciara cualquier acción. Me dijo que estaba preciosa con el culo así, y acto seguido me dio un mordisquito.

Javi alargó la mano hasta el cajón de la mesilla de noche y sacó el lubricante de su interior. Lo teníamos siempre a mano, puesto que nos gustaba mucho experimentar con la zona anal de ambos. Así pues, sin alargar mucho el proceso, empezó a untar la zona para que la introducción fuera lo más placentera posible.

– Estás la mar de mona, ¿te puedo hacer una foto?
Noté su risita traviesa mientras me ponía su dedo índice dentro para ir preparando la zona. Yo siempre he sido muy sensible, por lo que empecé a gimotear.
– No hemos ni empezado, ¿eh?

Aquí entonces fui yo la que reaccioné. Javi no se dio apenas cuenta, pero en menos de un minuto la situación había cambiado y ahora era él quien tenía el culo en pompa y yo la que tenía el lubricante en la mano.

– ¿Con que fotos, eh?

Sin dejar de sonreír, unté mi dedo índice y corazón de lubricante y empecé a penetrar a Javi con mi mano. Sabía que a él le gustaba, pero al principio hizo ver que le había molestado el cambio de papeles.
Primero empecé con un dedo y luego ya fueron dos y tres. Cuando lo vi a punto de caramelo, cogí el juguete rosa y empecé a meterle por el culo cada una de las bolitas. Javi jadeaba como nunca, y cuanto más lo hacía yo más jugaba: lo retiraba y lo volvía a meter, hacía entrar dos bolitas y las sacaba, luego cuatro, luego las siete u ocho seguidas… y con el movimiento Javi se excitaba más y más y se movía más y más.

Tal y como estábamos puestos yo notaba su dura polla en mi pierna izquierda. Me encantaba tenerlo así, tan entregado y tan indefenso.

No duró mucho más, Javi se corrió como pocas veces lo había hecho. Su mirada era de satisfacción total sin más.
Nos tumbamos en la cama un rato y a los diez minutos él se levantó con el juguete en la mano y se fue hacia el baño. No hacía falta que me explicara nada: quería que ahora lo probase yo. ¡No cabe decir que yo me estaba muriendo de ganas…!

El nuevo juguete, por si alguien lo dudaba, pasó a convertirse en uno de nuestros favoritos

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