sexo en las alturas

Lucía volvió a llamar a la puerta del baño sin obtener respuesta. Llevaba ya varios minutos esperando a que terminara el ocupante para poder entrar y refrescarse un poco. La verdad es que, tras más de 4 horas de vuelo Madrid – Nueva York, necesitaba darse un respiro y estirar un poco las piernas, pero su paciencia estaba a punto de agotarse.

De repente, la puerta se abrió y Lucía pudo ver a un hombre rubio y muy atractivo salir del baño con una sonrisa en el rostro. “Excuse me, señorita. Aún no he terminado, pero puede pasar si usted lo desea”, dijo el ocupante al mismo tiempo que cogía la mano de Lucía y le animaba a entrar al baño junto a él. Lucía no tuvo tiempo ni de reaccionar, pero cuando quiso darse cuenta, aquel hombre ya le estaba besando y acariciando sus suaves y tersos pechos. Una sensación de excitación inesperada le recorrió todo el cuerpo y decidió dejarse llevar y disfrutar del momento.

Pese a que no sabía ni el nombre de aquella persona, poco le importaba para lo que estaban a punto de hacer. Lucía agilizó el trabajo quitándose el sujetador y metiendo la mano del desconocido dentro de su sexo caliente y deseoso de acción. Él entendió el mensaje corporal y empezó a masturbar a Lucía mientras fijaba sus ojos en ella. Pese al pequeño espacio del que disponían, ambos se apañaban bastante bien y estaban dispuestos a llegar hasta el final. Lucía notaba cómo se iba humedeciendo su vagina para facilitar la penetración, así que con un solo gesto indicó a su acompañante que estaba preparada para que la penetrara aquí y ahora.

El hombre rubio, que por su acento extranjero parecía ser americano, se bajó los pantalones hasta los tobillos y enseñó su pene erecto dispuesto a follarse a aquella turista tan apetitosa. Tras unos primeros intentos un poco fallidos debido a la diferencia de altura, Finalmente Lucía se recostó en el lavabo de manos y el hombre la penetró con una furia inusitada. Con cada embestida, ambos gemían de placer. El chochito caliente de Lucía estaba abierto y preparado para recibir toda la virilidad del extraño en cuestión. Sus cuerpos sudorosos se entrelazaban y apretaban entre sí para poder darse placer en tan poco espacio.

Justo en el momento de mayor excitación, el avión empezó a sufrir algunas ligeras turbulencias, que no hicieron otra cosa que añadirle un punto de excitación extra a la escena. El traqueteo que sufrían ambos se traducía en una fricción aún mayor de sus sexos en plena efervescencia. El hombre misterioso hizo un gesto queriendo decir que estaba a punto de correrse, así que Lucía se atrevió a agacharse para seguir chupándole la polla y que él se le corriera en toda la cara. Así que tras chupar y lamer el miembro con unas ganas locas, el hombre explotó de placer al mismo tiempo que rociaba con leche toda la boca, la cara y las tetas de Lucía. Esto le puso tan cachonda que mientras se frotaba el clítoris con los dedos, vivió un orgasmo al mismo tiempo que su compañero.

Lucía estaba tan sedienta de sexo que empezó a chupar todo el semen que quedaba en la polla chorreante del hombre, y se lamía los labios para disfrutar bien de aquel sabor salado pero intenso. Quería conservar el recuerdo de aquella aventura en el aire durante mucho tiempo, así que besó apasionadamente al hombre y salió del servicio directa hacia su asiento y con el pensamiento de que probablemente nunca más se volverían a ver. Esto, en vez de ponerla triste, le excitó aún más al saber que había tenido sexo esporádico con un verdadero desconocido. Sonrió al pensar en ello y se evadió mirando a través de su ventana las nubes que cubrían el cielo.

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